Microficciones #41

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(Imagen libre de licencia de: WikiImages)

Descontrolado

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MICROFICCIÓN #9

EL MONSTRUO

El doctor Frankenstein se vio acorralado por aquella abominable criatura a la que él mismo le había dado la vida. El monstruo alzó sus mastodónticas manos de distinto color cada una, cosidas a las muñecas de forma burda, y rodeó con ellas el cuello de Víctor cuyo rostro se desencajaba por el miedo. La cara del monstruo reflejaba una mezcla de emociones: la rabia se juntaba con la confusión en aquella expresión bobalicona pero aterradora. La criatura apretó las manos y el doctor sintió como el aire dejaba de acudir a sus pulmones. Sigue leyendo

MICROFICCIÓN #7

GALEGO

LUISGAR

Por fin, tras tanto tiempo luchando contra el mar bravío, divisaron el faro de Fisterra y respiraron el aroma familiar que dejaba claro que habían vuelto a su hogar. La Costa da Morte les recibía con su belleza encantada y aquel edificio cuya luz les guiaba por unas aguas teñidas por la negrura de la noche abierta, les daba la bienvenida después de tanto tiempo apartados de sus casas. El viaje había sido largo, y los peligros que encontraron en él, habían hecho que sus aspectos se vieran envejecidos por el sufrimiento. Las Bruxas do Mar los habían perseguido durante días, levantando poderosas olas, como colosos acuáticos llenos de inquina. Todo eso ya había pasado, y el barco bautizado como Oscuridade III, finalizaba su travesía con algunas bajas, pero con su misión cumplida: volver a casa con el Cayado de la Desesperación, el arma más poderosa de las bruxas.

© 2015 M. Floser

(Nota: solo los derechos del texto me pertenecen)

— Imagen de Luis García Gaciño —

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MICROFICCIÓN #6

CULPA AJENA

No es justo que me haya castigado a mí. Sé que no va a tardar en encontrarme, seguramente ya está viniendo hacia aquí, pero me da igual. Mientras espero, puedo disfrutar del sonido del río. Siempre me ha relajado tirar piedras y ver como se crean ondas. Me ayuda a pensar y ahora necesito hacerlo. El maestro es muy duro, siempre está encima mío y se olvida de que somos dos alumnos, y que no solo yo me porto mal. Igualmente, hoy no tiene razón, hoy no me merecía la bronca porque no he sido yo. Ha sido ella; mi hermana ha decidido usar sus poderes para que esa pobre rana reventara desde dentro. Yo la intenté frenar, incluso siendo travieso sé dónde están los límites. Pero qué más da, ¿no? Me he ganado la fama de niño malo, y ahora cualquier cosa que pase cerca de mí, parece que debe tener mi firma. Una vez leí una frase en un libro «si tratas demasiado tiempo a una persona como a un ladrón, al final te acabará robando», me da miedo que me conviertan en lo que no soy mientras la psicópata de mi hermana se libra de todo castigo.

© 2015 M. Floser

MICROFICCIÓN #5

LA DAMA

Aquí llega, la distingo entre la bola de bruma que flota delante de mí. Una silueta de mujer en posición fetal se empieza a desplegar, estirando sus piernas alargadas que tocan el suelo y la alzan por encima del humo turquesa. Se queda erguida y se gira para mirarme. Su aspecto es horrible, perturbador. Su cabeza es un conjunto de calaveras que miran a cada punto cardinal, y de la boca de cada una cuelga una lengua bífida. Entonces habla sin palabras, con un sonido de aliento largo que no se extingue. Pero la entiendo, dentro de mi cabeza su halo tiene sentido. Me está pidiendo ayuda para acabar con su sufrimiento. El terror me nubla, no dejo de mirar los dos fosos infinitos de los ojos que se clavan en los míos. Vuelve a hablar, y esta vez su aliento trae consigo notas de dolor y angustia. Siento que mi corazón se rompe por la pena que me causa su desgracia. Acepto, no puedo negarme, como si su dolor fuera un conjuro que me apresa el alma.
—Haré lo que sea necesario —le digo y espero su respiración.
—He matado a todos tus hermanos humanos, y tu presencia me entristece; muere entonces para que mi obra esté finalizada.
Y sin más, un chasquido suena dentro de mi cabeza, un crujir desconocido que remueve todo mi mundo. Caigo al suelo y veo a la dama ladear su amasijo de cráneos, me mira y respira mostrando la felicidad que le causa que mi vida se marchite.

© 2015 M. Floser.

MICROFICCIÓN #3

COMO DAVID CONTRA GOLIAT

Se detuvo en medio de aquel mar de arena. La brisa, calentada por el sol de justicia, le echaba hacia atrás la gabardina color tierra. Tenía la cabeza gacha, y su sombrero de ala ancha, cuyos laterales se alzaban hacia el cielo, le ocultaba ligeramente el rostro. El humo del cigarro le ascendía por la mejilla izquierda y se difuminaba poco a poco en la inmensidad del aire. No era alto, pero tampoco bajo. Sus piernas estaban enterradas en la arena hasta las espinillas. Sigue leyendo