Cuentacuentos 7: Mujer de madera

Una ballena enorme flota en el cielo nocturno a pocos metros del gua. De fondo la luna llena ilumina el paisaje. El cielo estrellado está despejado y el mar brilla de blanco. El título del relato es: Mujer de madera.
Mujer de madera. Imagen libre de licencia: Pixabay.

Mujer de madera es un relato de fantasía cómica perteneciente a Cuentacuentos, una subsección dentro de Juegocuentos, en ella escribiré una reinterpretación personal de cuentos clásicos. Es un recurso llamado plagio creativo. ¡Espero que disfrutes!

cenefa2

• Historia original: Pinocho.
     Puedes leer el cuento clásico en este enlace.

cenefa2

DICEN QUE todas las personas son especiales. Eso incluye a las personas de madera. Pero nuestra protagonista era, como diría el sabio, muy especial y mucho especial. Era una mujer que un día fue una niña tallada por un maestro ebanista a partir de un tronco de pino místico. Que es una madera especial elevada al cubo y que, a su vez, es mucho más especial de lo que ningún sabio podría expresar con sus habilidades léxicas.
      Su nombre era Pinokio y tenía un poder asombroso. No siempre útil, pero aún así notable: su nariz se alargaba al mentir y se encogía al decir la verdad. Ese don fue una maldición durante muchos años, antes de que pudiera controlarlo. Nunca podría olvidar la primera vez que tuvo que fingir un orgasmo. Aún le perseguían los llantos de la familia de su amante en el funeral y el recuerdo de aquellos padres señalándole y pidiéndole que se largara.
      Lo hizo. Se fue para no regresar. Eligió una vida solitaria, viajó por el mundo, entrenó sus poderes, se instruyó en las artes marciales y decidió luchar contra las fuerzas del mal. Su nariz era perfecta para matar vampiros. Una estaca afilada que atravesaba los corazones de esos malditos chupasangre con solo decir cosas como: «Esa palidez enfermiza tuya te sienta muy bien» o «Acércate, vampiro, que no te voy a matar». Descubrió que su madera, de pino místico, tenía el mismo efecto en las criaturas sobrenaturales que la plata o la canción del verano.
      Pinokia solo descansaba un día al año, el trece de noviembre. Cogía una barca y se adentraba en el mar, luego detenía el bote y se sentaba a esperar. La ballena voladora que se había zampado a su padre, el ebanista, hacía ya quince otoños, pasaba por allí todos los años y ella no se perdía ninguna cita.
      La ballena apareció, salida de un vórtice que se abrió en el cielo, un portal mágico enorme del que brotó la cabeza colosal, seguida del resto del cuerpo.
      —Siempre puntual —dijo Pinokia mirando a la ballena.
      La mujer de madera esperó a que el cetáceo saliera del vórtice y luego, dirigiéndose al estómago, sonrió.
      —Buenas noches, padre. Este año he estado a punto de no venir. Cada año me resulta más difícil, me da miedo llegar aquí y encontrarme con que este estúpido monstruo no aparece. ¿Cuánto tiempo viven las ballenas voladoras? No tengo ni puta idea, pero no me gustaría llegar aquí un año y descubrir la respuesta. Podría escribirlo y añadirlo a la enciclopedia de animales fantásticos, pero ya conoces mi fama, nadie me creería. Aunque al contárselo mi nariz siguiera siendo respingona y mona, arquearían las cejas y dirían algo como que no se puede confiar en mí. No me gusta cuando pasa eso, me dan ganas de acercarme mucho a la cara de esa gente y mentirles, decirles una gran mentira, de esas que hacen que mi nariz se alargue medio metro. Hacerlo apuntándoles con la punta de la napia en uno de sus ojos y disfrutar viendo como se lo saco por la nuca. Ya sé que no apruebas la violencia, pero créeme, cuando vives tantos años como yo siendo una apestada, juzgada e insultada, acabas deseando matar a la humanidad. Llevo demasiado tiempo protegiéndola, usando mis poderes para el bien. Y así seguimos. «¡Mentirosa!» me grita la gente cuando paso por delante, «¡Vete a Ikea a ver si te convierten en un juego de sillas, monstruo!», he llegado a escuchar. ¿Y yo les hago algo? No, me callo y sigo cazando monstruos para que esa gente siga escupiéndome, acercándome cerillas y haciendo chistes sin gracia sobre si mi padre era un escritorio que conoció a una cómoda y me engendraron.
      Pinokia suspiró cuando la ballena hizo que apareciera otro portal y lo cruzó, desapareciendo un año más. Le habría gustado decirle a su padre que le quería, que lo echaba de menos, pero no podía evitar pensar en que si le decía esas cosas, su nariz crecería. En parte la culpa de todo aquello, pensaba ella, era del ebanista. Quería construir una niña de madera y no se conformó con hacerlo en madera de pino vulgar, él tenía que ir un paso más allá y usar madera mágica, sabiendo lo peligroso que es jugar con esos poderes. Ahora él está muerto y ella tenía que seguir ahí, sufriendo aquel mundo exasperante lleno de idiotas cuya única aspiración en la vida es tocarle las narices a los demás. ¿Por qué tenía que defenderlos? ¿Por qué tenía que seguir luchando? ¿Acaso no era ella otra criatura sobrenatural de esas a las que estaba dando caza? ¿Esas a las que los humanos odiaban? ¿No era ella uno de esos seres señalados? De repente lo tuvo claro, había enfocado aquel asunto de forma equivocada, ¿lo había hecho? Solo tenía una forma de saberlo, solo había una forma en la que Pinokia podía conocer la respuesta a aquel tipo de dilemas que se le presentaban en la vida. Tenía que decirlo en alto.
      Suspiró de nuevo y miró la luna llena.
      —Tengo que matar a los humanos.
      Tras decir aquellas palabras bizqueó mirando hacia abajo, fijándose en la punta de su nariz, esperando a que se moviera. Una parte minúscula de su ser, la criada por un ebanista bondadoso, deseaba que creciera, que se alargara tanto que la barca se desestabilizara y perdiera el equilibrio.
      No fue así.
      La nariz siguió en su sitio, menuda, respingona, preciosa, brillante por el barniz que se aplicaba cada día como la persona que se aplica crema antiedad.
      No se había movido ni un milímetro y eso solo significaba una cosa: no había mentido. Todos aquellos años había atacado a quien no debía, a los seres que sufrían el odio y la persecución de los malditos humanos. No solo la de los humanos, ella los había perseguido y había matado a decenas. Pero eso iba a cambiar, desde ese momento sería una más.
      La leyenda de la mujer de madera estaba a punto de empezar y se iba a encargar de que su historia se contara durante generaciones, que sirviera para quitarles el sueño a los mocosos y que algún día los de Blumhouse hicieran una película sobre ella. Y que rezasen para que fuera una buena película, porque de eso dependía que su futura muerte fuera rápida o agónica.



Más relatos de la sección Cuentacuentos:

2 comentarios en “Cuentacuentos 7: Mujer de madera

  1. Una preciosa reinterpretación, me encanta el ingenio que has puesto en esta versión de Pinocho. Los toques de comedia y de terror compensan lo oscuro del cuento original que, dicho sea de paso, a mí siempre me ha dado un poco de miedo y más con la película de Disney, (ese cochero era terrible).

    Muchas gracias por compartir, saludos. 🙂

¡Coméntame o morirá un gaticornio!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .