Al tema 6: Bajo el árbol

En el centro de la imagen y casi ocupándola por completo, vemos un roble con las ramas desnudas. Está en un valle nublado. El título del relato es: Bajo el árbol.
Bajo el árbol. Imagen libre de licencia: Pixabay.

Bajo el árbol es un relato de fantasía cómica perteneciente a «Al tema», una subsección dentro de «Juegocuentos», en la que escribiré un relato inspirándome en un tema generado automáticamente por las aplicaciones de Android What to Draw?, que podrás descargar de forma gratuita en Google Play entrando aquí, y la aplicación Art Prompts, que podrás descargar de forma gratuita en Google Play entrando aquí.

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Tema a utilizar:

Captura de pantalla de la aplicación What to Draw, nos propone el tema "La tumba de un antiguo mago".
Captura de pantalla de Wat to Draw.

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ENCONTRAR LA tumba de un mago siempre fue una tarea complicada, no en vano a los magos se les entierra en lugares remotos y, sobre sus cadáveres, se plantan árboles que se vuelven sagrados sagrados. Estas tumbas están esparcidas por el mundo para que nadie pueda encontrarlos y usar sus huesos para las artes oscuras. No era ni es plan de que un brujo oscuro se marque un caldo de Merlín y se lo tome para aumentar sus poderes una noche de invierno mientras ve un capítulo de Stranger Things.
      Buscar las tumbas de las magas y magos es a veces necesario, imperativo si me apuras. Por suerte la época en la que tenías que afinar una rama con forma de Y y sintonizar con ella la frecuencia mística para que te llevara hasta la tumba, o esa en la que tenías que pronunciar el nombre de la magia para que te poseyera y te indicara el lugar exacto de la tumba mediante una visión, quedaron atrás. Desde hace años la tecnología ayuda a simplificar las cosas y alguien pensó que era buena idea crear una APP para localizar las tumbas de las magas y magos. Viene con un mapa sincronizado con Google Maps y solo tienes que poner en el buscador el número de licencia del fiambre que buscas para que te indique dónde está. Luego llamas a Uber, que con los años y la irrupción de la magia en el mundo mortal se acabó especializando en portales de transporte, le dices al conductor dónde vas, abre el portal y te lleva allí en un pispás.
      Así que allí estaba una aprendiz de maga, plantada frente a un árbol que desprendía una energía mística que te dejaba sin aliento, tragando saliva y preparándose para pronunciar el hechizo que despertaría a Bruuma, una de las magas más poderosas de la historia.
      —Vekeigo, balaligo, etz via, Bruuma, longa sliipa! —Salmodió la mujer, regocijándose en lo bonito que sonaba el magués antiguo.
      El cielo se cubrió de nubes grises que lanzaban impulsos de luz blanca. El árbol que la mujer tenía delante emitió un brillo tan potente que se dejaron de distinguir sus imperfecciones y sus nudos, ahora era una silueta amarilla cegadora. En las nubes se acumuló un torrente de electricidad que salió despedido hacia la copa del árbol, partiéndolo en dos mitades y atravesando el suelo.
      La mujer se sacudió el polvo de la ropa y se mantuvo a la espera, indiferente, como si aquello fuera algo que ve todos los días, como si en el ranquin de cosas extrañas aquello no estuviera por encima de verle la raja del culo al fontanero cada vez que se agacha. La nube de polvo empezó a disiparse y dejó ver el árbol partido y el hueco profundo que había en medio.
      Cuando la escena estaba totalmente despejada la mujer se acercó al agujero donde descansaba un cadáver momificado. Sacó una ampolla que contenía un líquido violeta, le quitó el tapón de corcho con los dientes, lo escupió y volvió a conjurar:
      —Resvij devia sinkopo revenentu elcla mortijintoj!
      Mientras hablaba volcó la ampolla y dejó que el líquido cayera en la cara disecada del cadáver. Luego esperó.
      Esperar es una de las aptitudes más importantes para un mago. Es, de hecho, una asignatura obligatoria en la UMI, la Universidad Mágica Internacional.
      Los rasgos del cadáver empezaron a moverse, su piel gris, ajustada a los huesos, empezó a ensancharse, a ganar elasticidad y el gris se fue tiñendo poco a poco, pasó primero a un color cobrizo, mientras los huesos dejaban de adivinarse, para pasar a un color marrón oscuro cuando su piel ya había alcanzado una elasticidad saludable. Ya no parecía una momia, ahora era una anciana negra con la boca pastosa, intentando tragar saliva. Abrió los ojos, de iris amarillos sin pupilas, pestañeó, intentando enfocar la vista y cuando lo consiguió se encontró mirando a una mujer que estaba de pie a un par de metros por encima del nivel en el que ella estaba tumbada. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho. Los separó y notó como las articulaciones de sus codos crujían al hacer un movimiento que llevaban siglos sin hacer. Se incorporó y sufrió la serie de crujidos de sus caderas, parecía que alguien hubiera hecho estallar una traca en su interior. Luego miró sus piernas y pensó: «Crujid lo que queráis, pero no me falléis», flexionó una de las rodillas, posando la planta del pie en el suelo húmedo, luego la otra de la misma forma y se impulsó con las manos para levantarse. Las tracas habían dejado sitio a una salva de cañonazos que parecían querer anunciar el fin del mundo. Todo crujía, todo se recolocaba y todo dolía.
      —¿Cuándo estoy? —dijo la maga.
      —Querrá decir dónde.
      —Quiero decir lo que he dicho. El dónde ya lo sé. Estoy en mi tumba, en Wetlen. Lo que no sé es en qué año estoy, así que lo que quiero decir es: ¿cuándo estoy?
      —Disculpe, señora. Es el año 150 D.C.
      —¿Después de Cristo? No tiene sentido, yo morí…
      —¡No! Después del cataclismo.
      —Cataclismo.
      —Así es. Hace ciento cincuenta años hubo un cataclismo provocado por el choque de magia. Tuvo lugar durante La Primera Guerra Mística. Desde entonces la magia campa a sus anchas por la Tierra.
      —¿Cuánto tiempo llevo muerta?
      —Dos siglos.
      —Entonces eso pasó solo cincuenta años después de mi muerte.
      —Se le dan bien los números.
      —¿Para qué he sido resucitada? ¿Otra guerra? ¿Ha vuelto Malisias y tengo que enfrentarme a ella?
      —No sé quién es Malisias, señora.
      —Era mi archienemiga. Luchamos durante decenios hasta que la muerte nos encontró a las dos.
      —Ah, pues no. Nada de eso, señora. He sido enviada por la HERMAG.
      —¿Qué cosa?
      —La Hermandad de Magas.
      —Creo que en mi época no existía tal cosa. ¿Y para qué necesita que reviva la HERMAG esa?
      —La HERMAG está situada en la UMI, la Universidad Mágica Internacional, allí se guardan los registros de todos los magos de la historia, sus hechizos, sus pociones, sus historias. Hace unos meses hubo un gran diluvio y la UMI se inundó. Muchos documentos importantes se perdieron.
      —Entiendo. Habéis perdido mis hechizos.
      —No, están sanos y salvos.
      —Mis pociones.
      —No, en realidad también están ilesas.
      —Necesitáis que reescriba mis combates para usarlos para futuras guerras.
      —Que va, si la guerra está prohibidísima. Todo el mundo prometió que no iniciaría guerras, cruzando meñiques y todo eso. Una promesa sagrada.
      —Entonces no entiendo qué habéis perdido.
      —Su receta de pollo al chilindrón, señora.
      —Me has resucitado tras doscientos años fiambre porque habéis perdido mi receta de pollo al chilindrón.
      —Eso es. Hemos intentado replicarla partiendo de lo que algunas personas recordaban, pero falta ese no-sé-qué-que-qué-sé-yo.
      Bruuma se quedó muy quieta, mirando a aquella mujer. Su mente empezó a indignarse, había apretado el botón en el que ponía: «¡Amos no me jodas!», pero luego recordó su pollo al chilindrón y decidió que era perfectamente comprensible que la hubieran resucitado para recuperar la receta. Pocos pollos al chilindrón merecerían una acción como esa, el suyo era sin duda uno de ellos. Quizá el único.



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