Las tres palabras 16: Oscuridad y Luz

Dos personas juegan al ajedrez. Una mujer de espaldas, con abrigo rojo y guantes y un hombre con chaqueta de cuero negro. Título del relato: Oscuridad y luz.
Oscuridad y luz. Imagen libre de licencia: Pixabay.

Oscuridad y Luz es un relato ciencia ficción cómica perteneciente a «Las tres palabras», una sección dentro de «Ejercicios de escritura». En ella haré relatos incluyendo tres palabras generadas automáticamente con esta web.

cenefa2

Palabras a añadir:

AGUACERO 1
CUERO 2
BROMA 3

cenefa2

EN EL borde del universo, donde ningún ser mortal ha llegado jamás, Oscuridad y Luz jugaban una partida de Ajedrez cósmico* que había alcanzado en aquel momento la segunda semana de duración. Oscuridad era una mujer elegante, vestida con un abrigo de terciopelo rojo con puño de pelo sintético escarlata, llevaba guantes negros y unas botas a juego. Tenía la piel de color amarillo canario, no tenía pelo, solo un conjunto de antenas diminutas que le cubrían toda la cabeza. Sus párpados estaban cosidos con hilo negro, y sus labios carnosos, pintados de morado, se arqueaban en una sonrisa que daba a entender que tenía claro su siguiente movimiento.
    Cogió los dados, sopló suavemente y los lanzó al aire. Los dos cubos dieron vueltas y se detuvieron en la nada, flotando a unos treinta centímetros por encima del tablero.
    —¡Toma, un siete! —dijo Oscuridad con una voz juvenil. Cogió el caballo, lo movió describiendo una espiral que culminó sobre la torre de su oponente, ésta desapareció en una explosión de humo verde—. ¡Te como una y cuento veinte! Y ahora tiro porque me toca.
    —¡No es justo! —gritó Luz.
    Era un hombre blanco —o la versión de un hombre a la que alguien le ha añadido dos ojos extra por aquí, un cuerno por allá, unos colmillos exagerados por acá y un bigote ridículo por allí—, vestía una chaqueta de cuero2 negro y un pantalón marrón. Llevaba un anillo en el dedo anular de la mano derecha, no porque estuviera casado, sino porque le quedaba francamente bien.
    —Bueno, es que estoy haciendo trampas, Luz.
    —¡¿Cómoooo?!
    —¡Que es broma3! Estoy teniendo buena suerte en esta partida, parece que Fortuna me ha sonreído.
    —Me extrañaría, Fortuna no sonríe a nadie desde que Desgracia le partió los dientes por reírse de ella un día que todo le salía mal.
    Oscuridad puso los ojos en blanco tras los párpados cosidos y Luz fue consciente de ello porque conocía muy bien a su hermana.
    —Entonces —dijo Oscuridad—, ¿cómo vamos a celebrar nuestro cumpleaños? ¡Seis doble, me vuelve a tocar!
    —¡Eh, si sacas otro seis doble tienes que robar cuatro!
    —Lo sé, lo sé.
    —Había pensado pasear por la Tierra, hace tiempo que no vamos.
    —No sé yo si es el mejor momento, Luz. Parece que tienen una buena montada.
    Luz suspiró. Con los humanos nunca había un mejor momento. La última vez que estuvieron en aquel planeta se habían encontrado con que Dios les había castigado con un aguacero1 de órdago porque los muy idiotas se habían comido el sándwich de jamón y queso que el Todopoderoso había dejado en la nevera con un post-it en el que ponía: «No tocar, propiedad de Dios». El humano que se lo había comido había confesado leer la nota y pensar: «Se supone que Dios somos todos, ¿no?» a lo que Dios, antes de enviarles el Diluvio Universal, respondió: «¡Eso es Hacienda, gilipollas!».
    —No han cambiado nada, ¿no?
    —No te creas, Luz, han avanzado en muchas materias. Han inventado algunas cosas interesantes.
    —¿Como qué?
    —Los mojitos. Es una poción que por lo visto consigue que hagas cosas de las que luego no te acuerdas. Los Escape Rooms, son un juego en el que te encierran en una sala durante una hora y no te dejan salir hasta que descifras todos los enigmas.
    —Suena aterrador.
    —También podríamos darnos una vuelta por la luna. Han abierto un restaurante vegetariano que por lo visto es muy famoso en el sistema solar.
    —Es otra opción. Además tendremos vistas a la Tierra.
    —Y sin aguantar las tonterías de los terrícolas.
    Luz lanzó los dados y tuvo tentaciones de golpear el tablero.
    —¡Otra vez cae mi peón en la cárcel! ¿Qué tengo que hacer esta vez para salir?
    —Puedes elegir entre quitarte una prenda (cosa que preferiría que no hicieras), contratar un buen abogado o extirparle el corazón al paciente sin que se le ilumine la nariz.
    —Uf… me he tomado un café descafeinado y me tiembla mucho el pulso, creo que contrato a un abogado.
    —Vale, pues roba carta.
    A treinta centímetros sobre el tablero apareció un mazo de cartas con una báscula como símbolo. Luz cogió la primera, dio la vuelta y la lanzó con rabia. El naipe quedó bocarriba, flotando. Oscuridad se asomó y leyó: «No tienes dinero para un abogado así que se te ha asignado uno de oficio. El fiscal tiene comprado al jurado y pierdes el juicio. Tres turnos sin tirar».
    —Odio este juego.
    —¡¿Qué dices?! El ajedrez cósmico es uno de los juegos más completos del universo.
    —Para ti, que siempre ganas.
    Oscuridad no respondió nada, era cierto que siempre ganaba.
    —¿Y qué hacemos después de la cena? —preguntó Luz intentando relajarse.
    —Podríamos ir a ver una película. Han abierto un astrocine junto a esa nebulosa de moda.
    —¿Y por qué no vamos a esa nebulosa de moda?
    —¡Pfff! Ahí solo van borrachos e influencers. ¿No te gusta la idea del astrocine? Echan una de esa directora venusiana que tanto te gusta.
    Oscuridad había lanzado los dados otra vez, había caído en una casilla negra con un puente dibujado, su torre se teletransportó a otra casilla negra con un puente dibujado y de lo alto de la torre apareció un ser diminuto cargando un arco y una flecha, colocó la flecha en el arco, apuntó y le disparó en la cabeza al peón más cercano. Se escuchó un grito con una voz que parecía haber inhalado mucho helio, luego el peón cayó al suelo y el tablero bajo él se empezó a llenar de sangre.
    —¡Tooooooooooooma! ¡Te he hecho un fatality!
    —¡Debes estar de broma! ¡Si ni siquiera he tenido tiempo de usar la carta de recomendación que escribió el coronel Mustard, en la biblioteca con el boli de cinco colores!
    —¡Se siente! ¿Qué me dices de lo del astrocine?
    —Me parece bien. Pero quiero palomitas.
    —¿En serio? Hacen mucho ruido…
    —Es mi cumpleaños.
    —¡También el mío! Vale, puedes pedir palomitas, pero solo porque te estoy dando una paliza.
    Luz cogió los dados, ya había esperado tres turnos, los lanzó y le salió un doble uno. Su cara se iluminó, la ficha del peón expresidiario se movió hasta donde se encontraba el rey de su oponente, señaló algo imaginario tras el monarca y, cuando éste se giró, el peón le apuñaló en la espalda repetidas veces con un cuchillo que había fabricado durante su estancia en la trena. El rey cayó sobre el tablero y todas las fichas de Oscuridad explotaron, llenando el campo de batalla con un humo púrpura. Luz estuvo a punto de saltar de alegría pero recordó que le quedaba un último paso, se levantó, miró a los ojos cosidos de su hermana y gritó:
    —¡Uno!
    —¡No me lo puedo creer! —exclamó Oscuridad—. ¡Me acabas de ganar!
    —¡Doble uno nada más salir de la cárcel! ¿Qué probabilidades hay de que ocurra?
    —¡Me has ganado aunque te quedaban solo tres piezas y yo aún tenía catorce!
    —¡Debe haberme sonreído Fortuna!
    —Ahora sí que estás contento, ¿eh?
    —¡Ya te digo!
    —Entonces te quedas sin palomitas, por haberme ganado.
    Luz sonrió, no solía ganar a su hermana. Era mayor que él, más sabia, tenía mucha más vida que él, hay que pensar que había nacido cinco minutos antes que él.
    —¿Jugamos otra? —preguntó.
    —No, esta partida ha sido muy larga. ¿Qué te parece si jugamos al Veo veo cósmico?
    —¡Vale! Voy sacando la baraja de póquer, tú prepara las pelotas de pimpón.
    El tablero de ajedrez desapareció, Oscuridad y Luz se levantaron de las sillas cósmicas y emitieron un quejido que solo se emite cuando se llega a esa edad en la que cuesta levantarse del sofá en silencio. Necesitaban estirar las piernas, una partida de Veo veo cósmico podía durar alrededor de un siglo, eso si se acertaban todas las preguntas de Geografía. No importaba cuánto tiempo les durara la partida, si una cosa tenían Oscuridad y Luz, era que ya estaban ahí cuando los mundos se formaron y seguirían ahí mucho después de que desaparecieran. Tan seguro como que para ganar al Parchís cósmico es necesario que a tu oponente se le dé bien la mímica.




N. del A.
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* Muy parecido al ajedrez normal, solo que los caballos en realidad eran unicornios con problemas de alcoholismo, el alfil blanco estaba cansado de la guerra y soñaba con abrir un karaoke y la reina negra se estaba pensando seriamente si debía abandonar al rey e irse a ver mundo —algo que todo el mundo le recomendaba fervientemente—.


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