Al tema #2

En la imagen nos situamos tras una multitud de personas que están mirando hacia el escenario de un concierto, tienen las manos alzadas al aire y sobre ellos hay humo blanco que forma parte del espectáculo.

El título del relato es "En otro tiempo".

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[Nota fija]→ «Al tema» es una subsección dentro de «Juegocuentos» en la que escribiré un relato inspirándome en un tema generado automáticamente por la aplicación de Android What to Draw? Que podrás descargar de forma gratuita en Google Play entrando Google Play aquí.

Tema a utilizar:

Captura de pantalla de la aplicacción "What to draw?". En ella la aplicación me propone el tema: "un póster de una banda de heavy metal.

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LA MUJER se detuvo delante del muro empapelado por completo de pósters, panfletos y fotos de humanos que algún animal había colgado y en las que podía leerse mensajes como: «¿Ha visto usted a este humano? Es el que me da de comer, es urgente, yo no tengo dedos y no puedo abrir la lata de Güiscas». Tenía la cabeza afeitada, las orejas menudas repletas de aros y el cuello muy largo. Tenía los ojos color plata y los labios carnosos, rosados, sin maquillaje, la nariz aguileña tenía un aro diminuto en la aleta izquierda. Sus ojos se posaron en el cartel de un grupo de heavy metal llamado Los sabañones de Caín. En el póster abundaba el rojo y el negro y podía verse a cuatro orcas, con su piel verde, sus colmillos, sus orejas puntiagudas y sus complexiones robustas, vestidas de negro con las caras maquilladas de blanco con manchas del test de Rorschach pintadas de negro. Las cuatro sacaban sus lenguas alargadas y afiladas, lilas, y señalaban a la cámara haciendo la señal de los cuernos con los dedos índice y meñique. En el lateral del póster se podía leer la fecha y el sitio donde tendría lugar el concierto, en la parte de abajo podía leerse el nombre de la gira: Blood Puke Tour, bajo éste estaba el nombre del grupo en letras que parecían hechas de acero inoxidable y bajo el nombre del grupo figuraba el del artista que actuaría como telonero, un tal Pikotaro.
    —¡Madre, estaba aquí!
    La mujer se giró y vio acercarse a toda prisa a un engendro que corría apoyando los brazos en el suelo, como un gorila. El ser estaba desnudo, pero cubierto de pelo negro y grueso. De la cabeza brotaban dos cuernos de cabra retorcidos hacia atrás, tenía los ojos muy pequeños y negros, parecían los ojos de un peluche, brillantes y redondos. No era muy alto, debía medir cerca del metro sesenta, pero quizá fuera porque estaba completamente encorvado hacia delante para poder posar los nudillos gruesos y callosos en el suelo.
    —Hola, Sangor.
    —La he buscado por todas partes.
    —Pues no me he movido de aquí. Mira, Sangor, este fin de semana hay concierto de los Sabañones de Caín.
    —¡Uuuh! ¡Y con Pikotaro de telonero!
    —¿Sabías que yo fui miembra de un grupo de industrial metal?
    —¿Ah, sí?
    —Sí. Eso fue mucho antes de encontrar el libro de las sombras con el que te engendré.
    —¿Qué pasó con el grupo?
    —Se disolvió.

No era del todo cierto. Cuando la mujer encontró el libro de las sombras en el Mercado de San Antonio de Barcelona, en una parada de libros de segunda mano, las cosas empezaron a torcerse: mientras leía el libro la voz que le recitaba mentalmente cada párrafo no era la suya, sino la de alguien mucho más viejo, que de vez en cuando emitía sonidos de aprobación o decía cosas como: «Anda, mira tú, qué interesante. Sí, sí, sí… así que era esto…». Aquella voz empezó a apoderarse cada vez más de ella y empezaba a hablarle incluso cuando no tenía el libro en las manos. Un buen día, mientras estaba ella sentada en el sofá de su casa, viendo First Dates e insultando en voz alta a los participantes, la voz de su cabeza le dijo:
    —Creo que deberíamos invocar a un primigenio.
    La mujer se quedó boquiabierta, con los ojos como platos, miró a su alrededor como si temiera que alguien hubiera escuchado aquello.
    —¿Perdona? —dijo ella en voz alta. Solía hablar con su voz interior en alto, porque le resultaba muy raro tener conversaciones así mentalmente.

    —Sí, deberíamos hacerlo. Quiero decir… ya hemos realizado varios hechizos del libro, ¿qué te parecería invocar a un primigenio? Uno pequeño, no hace falta invocar a Azazoth o a Shub-Niggurath, ni siquiera a Cthulhu. Podemos invocar a Olkoth o a Cthugha, yo qué sé.
    —No podemos invocar a un dios primigenio.
    —Mujer, como poder… claro que podemos.
    —¡Mataría a toda la humanidad!
    —¡Hala, ya estamos exagerando! Mataría a una parte significativa, pero a toda la humanidad no, por eso te digo que podemos invocar a un mindundi primigenio!
    —No sé… creo que es jugar con cosas demasiado peligrosas.
    —¡Nos ha jodío mayo! ¡Pues claro que es jugar con cosas demasiado peligrosas! ¿Pero no estás harta de convertir el agua en güiscola? ¿No estás cansada de conjurar maromos y maromas para tus orgías? ¿No estás harta de cenar pizza con piña cada viernes?
    —El viernes de pizza con piña no se toca.
    —¡Ni falta que hace! Mira, podemos invocar al primigenio un viernes, nos subimos a la azotea con una pizza con piña y vemos qué pasa.
    —Empieza a sonarme interesante. ¿Sería como un experimento?
    —¿Por qué no?
    —¿Para ver si somos capaces de realizar la invocación?
    —Por ejemplo.
    —Vale, ¿qué necesitamos?
    —Ni puta idea. Míralo en el libro.
    La mujer cogió el libro, miró en el índice y bajó posando el dedo en la página rugosa.
    —¡Aquí! —dijo ella—. Invocaciones… página… 600.
    Pasó las páginas con la yema del dedo pulgar y se detuvo en la página 650, retrocedió y lo abrió por la página 600, presidida por el título INVOCACIONES escrito con letras la mar de monas para ser un libro tan cabrón.
    —Veamos… «La invocación es un conjuro que…»

    —Sáltate la paja, ya sabemos qué es una invocación. Una invocación es una invocación, no tiene más.
    —Vale. A ver… aquí. «Para invocar necesitarás los siguientes ingredientes: 2 manojos de perejil fresco, 3 ojos de sapo zurdo, 10 dientes de leche de soja, 150 gramos de azúcar moreno (si no tienes azúcar moreno puede servir el azúcar blanco o cualquier otro edulcorante), 500 mililitros de sangre de murciélago, 1 costra de sangre de la rodilla de un niño pelirrojo nacido después de los dolores y 4 cadáveres que pertenezcan o hayan pertenecido a una banda de industrial metal». Eso es muy específico.
    —Toda la receta es muy específica.
    —¿Qué son los dientes de leche de soja?
    —Son los primeros dientes de las hadas del bosque.
    —Ah… ¿y ahora qué hacemos?
    —Pues cuando tengamos todo lo que necesitamos organizas un ensayo de tu banda y te los cargas a todos. ¡Va a ser superdivertido!

—¿Madre?
    La mujer volvió a la realidad.
    —Perdona, Sangor, estaba recordando el pasado. ¿Qué me decías?
    —Le decía que la estaba buscando porque hoy es viernes y se nos ha acabado la pizza con piña.
    —¡No jodas!
    —Se lo juro.
    —¡Pues no perdamos tiempo, Sangor, vayamos corriendo al Mercadona antes de que nos cierren!
    —♪ ¡Mercadoooooona, Mercadona! ♪

¡Coméntame o morirá un gaticornio!

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