Las tres palabras #12

En la imagen se ve la silueta de una madre y un niño o una niña, no queda claro, caminando por un camino de tierra rodeado de arbustos y árboles. En la parte baja de la imagen aparece el título del relato: "De paseo" y M. Floser.

cenefa2

[Nota fija]→ «Las tres palabras» es una sección dentro de «Ejercicios de escritura». Así mismo, este ejercicio ha sido extraído del blog «CabalTC» de David Olier. En esta sección haré relatos incluyendo tres palabras generadas automáticamente.

Palabras a añadir:

VESTIDO 1
FESTEJO 2
EMIGRAR 3

cenefa2

Observemos a esta feliz familia paseando. A simple vista son una madre y su hija caminando sin preocupaciones. Para nosotros, los terráneos, todo es mucho más simple de lo que es para entes digamos… superiores. Nosotros, que solo nos preocupamos de con qué carcasa del móvil combinar ese vestido1 de flores, o cosas igualmente insignificantes, no nos paramos a pensar que en algún punto lejano sobre nuestras cabezas, personalidades de varias constelaciones de altura, sufren por las decisiones que debemos tomar.
    Allí, en la eternidad del cosmos, sentados en corro en sillas plegables de tela a rayas, rodeando una mesa de plástico blanco, con un agujero en el centro para meter una sombrilla que alguien se había olvidado, un grupo de tres seres superiores —al menos superiores a la media—, conversaban acaloradamente, que es un eufemismo de «discutían y se escupían al hablar», mientras señalaban un tablero que representaba la totalidad del mundo, nuestro mundo, la Tierra.
    —¡Mueve de una maldita vez, Gus! —dijo el ente llamado Vili, encargado de los mares, la lluvia, y el agua con gas.
    —¡No me metas prisa, Vili! ¡Es un movimiento importante! —respondió Gus, el ente encargado del fuego, la luz y los perritos calientes, incluso los que están hechos de tofu.
    El tablero era redondo, pero no esférico, porque la Tierra, aunque le pese a algunos, era plana en su origen, pero ocupaba tanto espacio en el espacio —nunca mejor dicho—, que alguien tuvo la brillante idea de doblarlo de aquí y de allá, y quedó esférica, algo que haría discutir a los humanos durante generaciones. En el tablero habían montañas que sobresalían, mares que se embravecían, ríos que nacían en montañas que sobresalían y desembocaban en mares que se embravecían y… bueno, creo que todas/os conocemos nuestro planeta, ¿no? Si no es así, que alguien levante la mano, y quedamos un día para que le explique algunas cosillas.
    Gus puso su dedo índice y pulgar, juntos, sobre el tablero y luego los separó, como si deshiciera un pellizco. El suelo se acercó cada vez más, haciendo que Gus pareciera estar cayendo dentro de la Tierra, y enfocó un sendero de arena rodeado de árboles por el que caminaba una madre con su hija cogida de la mano. La niña iba saltando, riendo, convirtiendo en un festejo2 el simple hecho de estar caminando al aire libre con su mamá. El ente superior cogió dos dados de ocho lados y los lanzó sobre un tapete verde sobre la mesa, junto al tablero.
    —¡Toma! —gritó eufórico Vili—. ¡Te jodes, te ha salido calavera y calavera!
    La parte superior de los dados mostraba, efectivamente, dos calaveras negras.
    —¡No tan rápido, Vili! —dijo Gus cortando al otro ente, que estaba mirando con mucha atención las cartas que sujetaba en abanico—. Según las normas del juego si saco dobles puedo lanzar otra vez. ¿Verdad, Naia?
    Naia era nueva allí, era la ente encargada del aire, de las nubes y de las ametralladoras —nadie sabía por qué eligió esa última especialidad, pero por si acaso, y como método preventivo, nadie se había atrevido a preguntarle—. Naia había llegado de otro cosmos totalmente distinto, le había tocado emigrar3 porque su cosmos se había llenado de gente que usaba «literalmente» para literalmente todo. Y sí, acabo de recibir una mirada asesina de Naia.
    —Es cierto, Vili, puede volver a lanzar. Pero si vuelves a sacar doble, Gus, tus personajes serán atacados por una banda de acordeonistas amateures.
    —¡Toma! —gritó Vili aún más emocionado ante la posibilidad de que Gus saliera perjudicado—. Pues tira, tira, no te cortes.
    Gus recogió los dados, miró con cara de pocos amigos a Vili, y lanzó de nuevo. Los dados rodaron por el tapete, primero se detuvo uno, en cuya cara superior estaba de nuevo la calavera negra.
    —¡Vas a pringar, Gusiluz! —dijo Vili usando el mote que le había puesto a Gus para hacerle rabiar.
    El otro dado se detuvo.
    —¡Tooooooma! —gritó esta vez Gus.
    —¡Nooooooooooooo! ¡No es justo! ¡Eso es trampa! —Se quejó Vili.
    —¡No es trampa y lo sabes!
    El dado mostraba el dibujo de un naipe, pequeño y vacío. Gus cogió sus cartas, las abrió en abanico y las miró una por una, tomándose su tiempo. Tenía tres cartas, una menos que Vili y dos más que Naia. La primera mostraba un rayo amarillo, sin más, la otra un «coge cinco» y la otra un grupo de orcos que parecían armados con navajas. Gus cogió la carta del grupo de orcos y la lanzó sobre el tablero. La carta se iluminó mucho y luego estalló en cientos de volutas de luz.
    —¡Vamos a ver!
    Los tres entes se acercaron mucho al tablero y prestaron atención: la madre y su hija seguían su paseo cuando, de entre los árboles, salió un grupo de orcos de piel verde y pelos que no pasarían un casting para un anuncio de champú. Vestían ropas raídas, en concreto camisetas blancas, de algodón, con agujeros por todas partes, pantalones negros, tejanos, de pitillo, también con agujeros y zapatos que estaban tan agujereados que ya se habían encargado los propios orcos de tirarlos a la basura antes de salir de casa, con lo cual, iban descalzos. El grupo de orcos cortaron el paso a la madre y a su hija.
    —¡Alto ahí! —dijo el orco líder, que llevaba una cicatriz en la mejilla (digo “llevaba” porque era de quita y pon, a veces a uno no le apetece parecer tan peligroso)—. ¡No den un paso más!
    —¡¿Diantres, qué querrán ahora estos amables orcos, madre?! —dijo la niña. Más tarde Gus hablaría con ella para que en futuras partidas no sobreactuara tanto.
    —No lo sé, hija mía. Preguntémosles. ¿Qué quieren ustedes?
    Los orcos se miraron entre ellos, luego miraron a la madre y a la hija, luego sus navajas y se rieron.
    —¡¿No es evidente lo que queremos?! —dijo el líder—. ¡Señora, les hemos cortado el paso y sostenemos navajas afiladísimas! ¿Qué cree usted que queremos?
    La mujer miró a su hija, luego miró al líder, se encogió de hombros y dijo algo parecido a: «ah, pos no sé…».
    —¡Señora! ¡Lo que nosotros queremos, armados con estas navajas tan afiladas…
    En el cosmos Gus sonreía de oreja a oreja.
    —… es invitarlas a unas ostras!
    El orco sacó una bandeja llena de ostras de su espalda, a pesar de que no llevaba mochila, ni bolsa, ni siquiera una de esas de mimbre que usan las personas de cierta edad para ir al mercado. Le dio la bandeja a uno de sus orcos de más confianza, porque los otros eran demasiado glotones, que los conocerá él, y luego cogió una ostra. Metió la navaja y, haciendo palanca, la abrió sin demasiado esfuerzo. Luego cogió una rodaja de limón y la aplastó con los dedos para que un chorro de jugo cayera sobre la carne flácida de la ostra. La mujer cogió la ostra, se la llevó a la boca, arrancó la carne de su caparazón con los incisivos y se la comió.
    —¡Mmmmm, qué rica y refrescante! —dijo la madre—. Muchísimas gracias, amable grupo de orcos con pinta peligrosa.
    —A usted, buena mujer, vaya con Dios.
    El grupo de orcos se alejó de la mujer y de su hija y luego desapareció. En el cosmos el marcador digital que flotaba sobre el tablero del mundo, aumentó diez puntos para Gus, dejándolo en 203, frente al de Vili, que marcaba 175 y el de Naia que marcaba 500.
    —¡Menuda tirada, Gus! —dijo Naia contenta por su amigo, pero más que nada porque ella iba ganando, que otras veces no había sido tan amable.
    —Gracias, Naia. ¡Te toca, Vili!
    —Ya voy, ya voy. Pero diría que estáis haciendo trampas para que yo pierda.

Anuncios

3 comentarios en “Las tres palabras #12

    • ¡Hola! Perdona por tardad, ha sido una semana de locos, jajajaja. Pues si te soy sincero nunca he jugado, no soy especial fan de los juegos de mesa. Espero que te haya gustado el relato. ^^
      • Es un juego tipo rol de fantasía con bastante ironía del absurdo. Sí, el relato me gustó, como acostumbra 🙂

Responder a Agnodice Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.