Story Cubes #8

cenefa2

[Nota fija]→ «Story Cubes» es una sección dentro de «Ejercicios de escritura». En esta sección haré uso de los dados Story Cubes para componer una historia improvisada.

Resultado de la tirada de los Story Cubes:

Numeración de los dados en el texto:*
* Número para localizar la palabra o tema en el relato.

cenefa2

arcia metió la mano en el bolsillo y sacó lo que parecía un cronómetro. En la parte trasera del objeto habían grabados un escarabajo9 y las iniciales M punto, P punto. La joven miró al cielo, a las nubes, que parecían moverse con un ritmo tranquilo. Sacó un aparato, similar a un teléfono móvil8 y pulsó varias teclas de la pantalla táctil. Iluminado en verde, sobre el fondo negro apareció un texto: No signal. Undefined year.
    —De coña…
    Marcia suspiró profundamente. Pensó en sus posibilidades. Si había caído del túnel temporal, no tenía forma de volver a él. Estaba atrapada. Cogió con fuerza el amuleto que colgaba de su pecho, y se acordó de Trol Pisoteador, el que se lo vendió una noche dentro de la tienda de campaña más lujosa y espaciosa que hubiera visto nunca. Tenía columnas de mármol rosa, y un tragaluz de cristal. Desde dentro una podía olvidar que había entrado en una tienda de lona en apariencia común y corriente, pero aquel lugar estaba ampliado por la magia de Trol Pisoteador, un payaso2 charlatán al que le gustaba engañar a la gente de bien para que comprase sus porquerías. Y tenía labia el muy cabrito, porque allí estaba Marcia, en una época inconcreta, sujetando un amuleto inservible que le había comprado por cien oros.
    Marcia se descolgó una mochila de cuero negro que llevaba a la espalda, rebuscó en ella y sacó un espejo de mano5 dorado con piedras resultonas incrustadas alrededor del cristal —quizá en sus tiempos mozos fueran piedras preciosas, pero parece que la edad no perdona a nadie ni a nada—. En el mango del espejo había un teclado numérico y dos botones, uno rojo y otro verde. La joven pulsó una serie de números y luego el botón verde. El cristal, que la reflejaba a ella con su preciosa nariz fina adornada con un aro de plata en la aleta izquierda, unos labios pintados de negro y unos ojos de pestañas espesas e iris castaño, emitió un sonido: unos pitidos que sonaban cada dos segundos.
    —Vamos, contesta… —¡Piiip!, uno, dos, ¡piiip!, uno, dos, ¡piiip!—… contesta, maldito seas, contesta… —¡Piiip!, uno, dos, ¡piiip!, luego sonó un chasquido y una voz metálica y carente de emociones y empatía, recitó de corrido: «el sirviente del mundo espejo al que llama no está disponible, por favor, inténtelo de nuevo más tarde», y eso fue todo—. ¡La perra que le parió!
    Intentó controlarse, no quería lanzar el espejo al suelo, lo último que necesitaba era que a su situación, que ya era delicada de por sí, se sumaran siete años de mala suerte. Suspiró y volvió a intentarlo: pulsó la combinación de números, y luego apretó el botón verde. ¡Piiip!, uno, dos, ¡piiip!, uno, dos, ¡piiip!, uno, dos… un chasquido.
    —¿Diga? —preguntó una voz pastosa y desganada.
    —Hola, ¿está Vic?
    —¿Quién?
    —Tu marido, idiota.
    —¿Parte de quién? —la voz se comía palabras, porque parecía que aún no había desayunado y había hambre.
    —De parte de Marcia, su jefa.
    —¡Cariño, la bruja de tu jefa!
    Marcia notó como le temblaba el párpado inferior del ojo derecho. Miró a su alrededor: estaba en un bosque con los árboles más ridículamente grandes que hubiera visto en todos sus viajes temporales.
    —¿Sí? —preguntó una voz desde el espejo.
    —Vic, soy Marcia.
    —Hola, jefa. ¿Ha conseguido el orbe?
    —Ni por asomo. He caído del túnel temporal, y no tengo ni idea de en qué año o lugar estoy.
    —Qué problemón. Deme un segundo, que enciendo el ordenador. Ya sabe que va lento. ¿Conectamos la espejovideollamada?
    —Claro.
    Marcia pulsó un botón en la base del mango del espejo y en el cristal dejó de aparecer ella. En su lugar un hombre calvo, con las cejas blancas muy pobladas y un labio superior diseñado para un bigote que no existía, le miraba. Vestía una bata púrpura de seda con flores rojas estampadas.
    —Ya la veo, jefa. ¿Me ve usted a mí?
    —Te veo demasiado, Vic. ¿Te importa taparte un poco?
    Marcia se refería a que el hombre del espejo no se había esmerado mucho en cerrarse la bata, y se le veían partes de la anatomía que Marcia habría preferido no ver nunca.
    —¡Lo siento, jefa! ¡Qué bochorno! Es que Gusi y yo estábamos… usted no quiere saber eso.
    —No, no quiero.
    —Ya… bueno, veamos. ¿Qué ve?
    —Árboles muy grandes, arbustos de tamaño normal, a no ser que sean malas hierbas gigantescas, rocas, un lago a lo lejos, y la imagen de tu pene grabada a fuego en mi memoria.
    —Lo siento de veras, jefa. Estamos muy contentos, el viaje a los países reflejados está siendo increíble. Hemos estado en otpigE, con sus preciosas pirámides invertidas. ¿Sabía usted que la base de las pirámides aquí apunta al cielo, y es la punta lo que aguanta todo el peso? Una maravilla, se lo digo yo. No sé cómo consiguieron construir algo así.
    —Céntrate, Vic.
    —Sí, mi señora, lo siento. Veamos, déjeme poner la clave… uno, uno, uno, uno… ya estoy dentro del sistema. ¿Sabe usted a qué altura ha caído?
    —Me dirigía al año 2019, y la última salida que me he saltado en el túnel ha sido la de 2040.
    —De acuerdo. Veamos, según esto hay una brecha en el túnel, parece que están en obras. ¿Vio alguna señal de peligro?
    —Si la hubiera visto no me habría caído, Vic.
    —Cierto, cierto. Si ha caído por la brecha temporal no hay manera de saber en qué fecha se encuentra, jefa.
    Marcia suspiró, y al hacerlo los árboles se mecieron. Evidentemente no fue por su suspiro, sino por el de un ser mucho más grande, que estaba igual de fastidiado que ella, porque no encontraba ninguna presa. Marcia miró hacia arriba, más allá de las copas de los árboles, y vio un rostro con un solo ojo, una nariz de patata enorme, y una boca que dibujaba un arco que apuntaba hacia arriba, creando una mueca de tristeza, angustia, enfado o estreñimiento. Marcia pensó que aquel ser era espantoso, aunque aquello era claramente una opinión subjetiva. Aquel al que estaba viendo la joven, era quizá el cíclope1 más guapo que encontraría en varios kilómetros a la redonda.
    —Jefa, ¿sabe usted que tiene un cíclope a su espalda.
    —Sí, Vic, algo he notado.
    —¿Qué es eso que tiene en la mano? ¿Una porra?
    Vic estaba demasiado lejos: dentro del espejo, a muchos años de distancia, década arriba, década abajo, pero se refería a un tiburón blanco4 que el cíclope sujetaba por la cola. Estaba muerto, y no era para menos, porque en algún momento entre que lo había sacado del agua, y que el del espejo lo había visto, el cíclope se lo había empezado a comer en crudo. Es bien sabido que el primer restaurante japonés de la historia lo montó un cíclope. Se llamaba «Wan Ai», que significaba «un ojo» en inglés, pero le habían querido dar ese toque oriental a las palabras, para ser muy originales.
    —Yo de usted me escondería, jefa.
    —No me digas.
    —Totalmente. Hace poco vi una obra de teatro3 en la que un héroe de aicerG, su Grecia de usted, se enfrentaba a un cíclope. El monstruo estaba hecho de madera, y lo movían con cuerdas, no crea usted que había un cíclope real. El caso es que en la obra, el cíclope mataba al héroe a hostias. No sé si se documentaron mucho, pero teniendo en cuenta que usted a viajado en el tiempo, quizá sería conveniente que la obra no tratara sobre usted, jefa.
    —Bien visto.
    Marcia se ocultó tras un arbusto y esperó en cuclillas. El cíclope parecía buscar algo, se sabía porque se ponía la mano plana sobre el ojo, a la altura de la ceja que iba de sien a sien, y entrecerraba el ojazo, mirando hacia el horizonte. Al cabo de un rato el cíclope se puso en marcha, pasó la pierna por encima de los árboles, como si fueran un obstáculo minúsculo, y Marcia miró instintivamente hacia arriba. La criatura solo llevaba un taparrabos, que era demasiado sutil y dejaba poco lugar a la imaginación. Marcia puso cara de asco, era la segunda anatomía no deseada del día, solo que aquella anatomía podía sacar al planeta Tierra de su eje si uno le golpeaba con ella en el punto correcto.
    —Vaya día…
    —Parece que está usted en su preantigua Grecia, jefa.
    —¿Preantigua Grecia?
    —Está la antigua Grecia, con sus filósofos, astrólogas, y esas cosas, y luego la preantigua Grecia, con sus dioses, sus cíclopes, y esas otras cosas. Curioso, ¿no?
    —¿El qué es curioso, Vic?
    —Ha caído del túnel temporal en la preantigua Grecia, y ahora no puede volver a ella. Bueno… quizá si encuentra a un dios que domine de estos temas le pueda ayudar, pero teniendo en cuenta que su objetivo es robar el tiempo para no envejecer nunca y ser inmortal… yo no contaría mucho con que le ayuden.
    —Parece que lo estás disfrutando, Vic.
    —¿Sabe una cosa, jefa? Lo estoy haciendo. Es posible que no le vuelva a ver nunca más. Yo soy un asistente del espejo bueno, siempre quise encontrar a una bruja que me preguntara quién es la más hermosa del reino, para poder decirle algo tipo «usted, su bellosidad», en vez de eso fue usted la que encontró mi espejo. Desde entonces he tenido que aprender sobre viajes temporales, algo de ofimática, y he sacrificado mis mejores años. Siempre me llama cuando le sale del coño. Sí, me ha oído bien. Le da igual si Gusi y yo estamos follando, y luego si le digo que nos ha pillado en pleno polvo, pone esa cara de cabrona estreñida suya. Estoy disfrutando mucho este momento, porque por muy fuerte que usted sea, por muy bien entrenada que esté, alguien le clavará una espada por la espalda, o algún ser de tamaño obsceno le pisará como la cucaracha que es, y no quedará de usted nada más que una mancha roja en el suelo, con órganos adheridos. Así que no sabe lo feliz que soy en este momento. Por cierto… lleva diez años llamándome Vic, no sé por qué, si mi nombre es Cristofer. Ahora, si me disculpa, voy a follarme a mi marido pensando en su cadáver perdido en algún punto lejano de la línea temporal. Adiós, perra.
    La comunicación con el espejo se cortó. Marcia intentó llamar dos veces, pero en ambos casos sonó lo siguiente: ¡pip!, un, dos, ¡pip!, ¡tututú!, ¡tututú!, y la llamada se cortaba. Marcia estalló y lanzó el espejo contra el suelo con todas sus fuerzas. El cristal se rompió en tantos pedazos como días tienen siete años de mala suerte. La joven lanzó un grito desesperado.
    —¿Qué ser tú? ¿Bueno comer?
    La voz intensa, ensordecedora, venía de las alturas. Marcia miró hacia arriba y vio la cara espantosa del cíclope que, en realidad, tenía su público.
    —Mierda…
    Fue lo último que la joven pudo decir antes de que el pie descalzo y mugriento del cíclope le cayera a plomo encima. Toda la mala suerte que una podía tener en dos mil quinientos cincuenta y cinco días se materializó en un solo, definitivo y mortal instante.

© M. Floser.

2 comentarios en “Story Cubes #8

  1. Hola! Sonrei y rei a medida que avanzaba en la lectura. Triste final el de Marcia al morir aplastada por un ciclope hambriento. Por otro lado, haces alusión de la constante búsqueda del hombre por alcanzar la inmortalidad y la eterna juventud. Solo somos seres temporales como el tunel y los viajes del relato. Excelente historia. Saludos.

    • ¡Hola! Me alegra mucho saber que sigo haciéndote reír, en serio. Y te agradezco todos los comentarios que me dejas, es muy gratificante que dejéis vuestras impresiones (ya sean positivas o negativas). ¡Muchísimas gracias!

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