Microficción #159

cenefa2

e colocó los auriculares y el mundo enmudeció. Le gustaba la sensación de la gente moviéndose a su alrededor envueltos por una banda sonora que solo ella escuchaba. Era como si danzaran de forma arrítmica acompañados por el piano. Una paloma alzó el vuelo en el momento justo en el que el violín empezó a sonar, y dos conductores que habían chocado entre ellos salieron de sus coches y empezaron a discutir acaloradamente, con unos gritos que desde la perspectiva de la mujer sonaron con voz de saxofón.
    La calle estaba abarrotada, el cielo también, pero de nubes, y el olor de las cloacas parecía querer inundarlo todo. Una gota cayó en picado sobre el tabique de su nariz y ella miró al cielo con impaciencia, suspiró y solo bajó la mirada cuando escuchó un trueno por encima de la música, como si fuera la percusión de la canción. Sonrió y siguió quieta, en medio de la calle, dejando que la gente la esquivara e ignorando sus miradas de odio.
    El suelo de adoquines empezó a motearse por las gotas cada vez más continuas, y en un abrir y cerrar de ojos, las nubes empezaron a descargar una cortina de agua. La gente echó a correr, como si en vez de agua estuvieran cayendo gotas de ácido. Sonrió de nuevo y empezó a mirar a su alrededor, sin importarle el agua que le caía encima a plomo, buscando sin parpadear, ignorando las gotas que se le quedaban atrapadas en las espesas pestañas y luego le caían sobre las mejillas, como lágrimas que no eran suyas. Su mirada se detuvo en un punto concreto en el que la lluvia formaba un hueco donde no caía agua, un hueco con forma humanoide, una silueta con cabeza, hombros, tronco y piernas.
    Sonrió una última vez, esta vez al darse cuenta de que empezaba a controlar sus poderes elementales, y que estaba a punto de comprobar si su adiestramiento había servido de algo. Si conseguía mantener la concentración, si conseguía mantener la lluvia, el demonio no podría huir, lo devolvería al Arcón de las tinieblas y superaría aquella última prueba. Sería una hechicera con todas las de la ley.
    La voz desgarrada de la cantante de jazz sonando a través de los auriculares sirvió como empujón final para que se decidiera a atacar. Tenía un plan, tenía confianza en sí misma, y muchísimas ganas de demostrarse de lo que era capaz.
    —Todo empieza ahora —dijo para sí misma antes de emprender su primer ataque.

© M. Floser.

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