Las tres palabras 7: Cacofonía

[Nota fija]→ «Las tres palabras» es una sección dentro de «Ejercicios de escritura». Así mismo, este ejercicio ha sido extraído del blog «CabalTC» de David Olier. En esta sección haré relatos incluyendo tres palabras generadas automáticamente.

Imagen libre de licencia de: Brenkee.
Palabras a añadir:

Nicotina.1
Infeliz.2
Alpinista.3

CACOFONÍA
cenefa2


“Existen en nosotros varias memorias. El cuerpo y el espíritu tienen cada uno la suya.”

— Honoré de Balzac.

Creo que no me lo esperaba, simplemente es eso. Quiero decir… ¿quién se espera que estas mierdas funcionen? Una lee libros, ve películas y se lo toma como una broma, pero cuando un día cualquiera te pones hasta el culo de cerveza y juegas a llamar a los espíritus y, de repente, uno de ellos se da por invitado a tu vida y se queda contigo, joder, te cambia la vida.
    Mi espíritu es un poco idiota. Soy la única que lo ve, cómo no, y en realidad creo que es una suerte para el resto de humanos, porque para lo que hay que ver… Es un tío bajito, rollo Danny Devito, y gordo, como John Goodman, pero más en la época de Fallen que en la de la última de King Kong, ¿sabes? Lleva los dedos amarillos, manchados de nicotina1, los dientes podridos y los ojos saltones. Es calvo y, estoy segura de que, si no fuera un fantasma, olería a perro mojado.
    La primera toma de contacto que tuve con el fantasma no fue en seguida de hacer el imbécil con la ouija, tardó un par de días. No sé si es porque es tímido, o porque estaba buscando la mejor forma de romper el hielo. Un día recibí un Whatsapp de mi amiga con un mensaje de audio. En él me hablaba de los últimos cotilleos de la facultad y de lo buena que estaba la nueva profesora de Ciencias Políticas —joder que si lo está—. Pero a parte de la voz de mi amiga, que me pone mucho, se escuchaba una voz más grave, de hombre.
    —¿Estás con alguien? —le pregunté.
    —¿Con quién voy a estar? ¿Con Clara?
    Me imagino que, después de decir el nombre de la profesora, empezó a fantasear con una clase de refuerzo en su casa. El caso es que la voz masculina volvió a sonar en aquel audio.
    —No, en serio, escucho una voz de hombre en tus audios.
    —A ver, espera —se hizo una pausa que duró exactamente dos minutos y trenta segundos, el tiempo que duraba el primer audio—. Yo no escucho nada.
    —Pues te juro que yo escucho la voz de un tío.
    —Se habrán cruzado las líneas —intentó razonar mi amiga.
    —¿Las líneas de audiomensajes? No es una llamada.
    —Te llamo a ver si pasa lo mismo.
    Mi amiga me llamó, descolgué el teléfono y escuché su voz, en ese momento no me daba morbo, en realidad estaba bastante sorprendida de que, por encima de su «hola», se escuchara una voz afónica, aspirada, como si estuviera agonizando.
    «Infeliz2
    —Sigo escuchándola —dije yo.
    —Pues yo no oigo nada. ¿Qué dice?
    —Repite todo el rato «infeliz». ¿Seguro que no eres tú?
    —¡¿Pero qué tío va a estar en mi cuarto llamándote infeliz?! Yo que sé, se te habrá jodido el móvil. Eso te pasa por comprártelo por AliExpress.
    Colgamos e intenté relajarme antes de ponerme a estudiar. Había algo en la voz que me puso nerviosa. Me senté en el sofá, me puse a ver Stranger Things y, sobre la voz de Eleven, sonó la del pavo ese, diciendo una y otra vez «infeliz». Quité el audio de la tele y la voz seguía diciendo la puta palabra. Apagué la tele y se volvió a encender sola. La pantalla se puso en negro y, como si estuviera encerrado en una inmensidad oscura, una cara de hombre, con barba, sin pelo, apareció.
    «Infeliz
    Sus labios se movían al sonar la palabra, así que definitivamente era cosa suya. El tío que hablaba como un loro salió de la pantalla y se plantó delante de mí. ¡Joder! Casi me cago encima, os lo juro. Iba vestido con una chaqueta naranja, muy gorda, fluorescente, y unos pantalones también gruesos, grises. Cargaba una mochila y, de la calva, le salía una cosa de esas que se clavan en la montaña para escalarlas, no sé cómo coño se llama, eso que parece un pico… da igual, lo que sea, lo tenía incrustado en la cabeza. Era un alpinista 3, eso estaba más que claro. No me costó mucho saber que era un espíritu… a ver, tampoco hace falta ser el detective Conan: sale de la pantalla, su voz suena como una cacofonía y tiene una mierda de esas de la montaña clavada en la calva… blanco y en botella, ¿sabes?
    —¿Qué quieres de mí? —posiblemente es la pregunta cliché, la que haría Belén Rueda en una peli de miedo, pero es la que me salió. No es que la segunda fuera mucho mejor—: ¿por qué me persigues?
    —Infeliz.
    —¿Pero infeliz yo? ¿Infeliz tú? No entiendo.
    —Infeliz.
    —¡¿Infeliz qué?!
    —¡Infeliiiiiz!
    Es lo único que pude sacarle. Creo que la mierda esa de la montaña que tiene clavada en la calva, le ha afectado al cerebro, y solo dice eso. Lleva ya 3 años detrás mío, repitiendo lo mismo una y otra vez. He visto la serie de Jennifer Love Hewitt, sé que tiene algún asunto que resolver y, hasta que no le ayude, no se va a pirar. Pero si no entiendo qué narices quiere, no puedo hacer nada. Cuando se enfada y empieza a abrir y cerrar ventanas, puertas de armarios y esas cosas, me siento, me tomo un té, y espero a que se le pase el berrinche. Yo no tengo tiempo para tonterías, el otro día suspendí un examen porque el muy imbécil, en uno de sus arrebatos, me lanzó por los aires todos los apuntes. Como si tuviera que asustarme o algo. Sinceramente, si no le pudiera ver quizá me habría dado un buen susto, pero el problema es que le veo, y le vi lanzar mis apuntes. Un tío bajito, enano, vestido de alpinista, calvo, con una mierda de esas de la montaña clavada en la calva, en medio de mi dormitorio, tirando hojas por los aires como si fuera la gran cosa… miedo no da, como mucho dan ganas de buscar las putas bolas de dragón, pedirle al dragón que lo resucite, quitarle la mierda esa de la montaña que tiene clavada en la calva, y hundírsela en el corazón. Perdón… demasiado estrés. No sé cuánto tiempo piensa quedarse, porque tampoco consigue escribir qué quiere. Es la situación más absurda que he vivido nunca, pero es lo que me ha tocado vivir, ¿no? Supongo que la moraleja es: no juegues con el más allá, puede que se te aparezca un espíritu medio lerdo.

© M. Floser.

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