NarrArte 16: Charla a los postres

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•CHARLA A LOS POSTRES•

El camarero dejó dos platos encima de la mesa, en uno de ellos había un flan que aún temblaba por el traqueteo del viaje desde la cocina, en el otro un suculento pedazo de pastel de tiramisú de té matcha. Las comensales introdujeron las cucharas en los postres y se las llevaron a la boca. Se miraron la una a la otra mientras la comida les impregnaba las bocas. Una de ellas, la del flan, era negra, con los ojos castaños y los labios pintados de rojo intenso. La otra, la del pedazo de pastel, era asiática, con la cabeza afeitada, las pestañas espesas y los labios sin pintar.
    —¿Qué te parece, Shaun? —preguntó la del pastel a su acompañante.
    —No sé qué decirte, Lien —la del flan se metió otro pedazo, un poco más grande, y se esforzó en saborearlo—. No me sabe a nada.
    —¿Ni siquiera el caramelo?
    —Ni siquiera el caramelo.
    —Eso es extraño, la verdad. ¿Quizá no ha funcionado? Mírame, por favor, ¿aún los tengo?
    Lien le enseñó los dientes a Shaun y esta los miró con mucha atención.
    —Sí, aún los tienes.
    —¡Mierda!
    Lien dio un golpe en la mesa que hizo que las copas se volcaran y el vino se derramara sobre el mantel blanco. No importaba, tampoco sabía a nada. La gente las miró y empezó a murmurar.
    —¡Ese cabrón nos ha engañado, Shaun! —aquello lo dijo bajando la voz, pero con el enfado igual de alto—. Te dije que no nos fiáramos.
    Shaun no se alteró, se había sacado la cuchara de la boca y la miraba embobada.
    —Cuando lo coja le voy a partir en dos. Te juro que…
    —No creo que nos haya engañado, Lien.
    —¿Cómo dices?
    —Mira…
    Shaun acercó la cuchara a Lien para que le echase un vistazo.
    —Una cuchara… ¿qué tiene de especial?
    —Mira bien.
    Lien resopló y se fijó mejor en la cuchara. Era de metal, plateada, reluciente, en la que se veía reflejada boca abajo. Lien abrió mucho los ojos, se acercó al cubierto, alzó la mano y saludó. Ahogó un grito de alegría y miró a Shaun que le estaba sonriendo.
    —¡Me reflejo!
    —Sí, y yo también —Shaun cogió otro pedazo de flan con la cuchara y se lo llevó a la boca. El dulzor de la vainilla y el dulzor amargo del caramelo le impregnó la boca. Dos lágrimas cayeron por sus mejillas, dibujando surcos que descendían hasta la barbilla—. Tienes que probar esto, Lien, ¡noto el sabor!
    Shaun le acercó la cuchara, cargada con un pedazo de flan. Lien abrió la boca y dejó que Shaun le introdujera la cuchara. Una gota de caramelo le cayó en la lengua antes de que pudiera probar la vainilla. Saboreó el pedazo de flan y sus ojos también se humedecieron. Miró el pedazo de pastel de su plato, partió un trozo y se lo metió en la boca. El «mmmm» llamó la atención de las mesas cercanas, pero daba igual, aquel postre estaba delicioso. Cogió otro trozo y se lo acercó a Shaun que no se hizo de rogar. En cuanto el pedazo de pastel se introdujo en su boca sintió una oleada de placer.
    —¡Ha funcionado, Shaun! —dijo Lien mientras masticaba otro tozo de pastel—, ¡el hechizo ha funcionado! ¡Ya no somos vampiresas!

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