Letras invitadas 6: El brujo del lago — Eamane Nox

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Flanqueado por una cordillera y respaldado por un bosque estaba el lago helado Atie, el cual nunca se descongelaba. Nadie se atrevía a pisarlo, se decía que estaba encantado. Solo el brujo que allí vivía era capaz de caminar sobre él. Yntha no se acobardó por las habladurías, caminó con paso firme por el sendero de piedra que cruzaba el lago hasta el enorme árbol que era el hogar del brujo. Las grandes raíces estaban ancladas al fondo, atravesando el hielo. Ignoró el crujir del sólido cristalino y la sombra bajo él moviéndose, acechándolo. Cuando al fin llegó a su destino, respiró hondo y llamó tres veces. La puerta se abrió chirriando. Un fuerte olor a hierbas cargaba el ambiente provocando que estornudara. Una extraña melodía sonaba de fondo. Nadie parecía estar en la amplia sala hasta que, de pronto, una voz le provocó un escalofrío que le recorrió toda la columna.
    —Siéntate: enseguida estoy contigo — la voz venía de todos lados. Eso la dejó algo perturbada, pensando que tal vez las habladurías eran ciertas. Negó con fuerza, acercándose a la mesa para sentarse. Nada más acomodarse una rápida y pequeña sombra recorrió el lugar, haciendo ruido allí por donde pasaba. De pronto se detuvo en medio de la mesa. La delgada figura de andróginos rasgos que no levantaba más de un palmo se presentaba ante ella. Un duende. Su blanquecina piel tenía un toque verdoso igual que el jade. Ojos almendrados de un hermoso naranja fuego. Su pelo era de un lustroso color violeta que le caía hasta los hombros en preciosas ondas. Estaba estupefacta: no era lo que esperaba. ¿Sentía miedo? No sabía lo que sentía en este momento, pero miedo no—. ¿Qué deseabas? Si has venido hasta mis dominios debo suponer que no solo es para comprobar que existo —Yntha salió de su estupor.
    —¿Sois Dinx, el brujo? —el diminuto ser asintió mostrando una fría sonrisa—. He venido porque necesito de vuestro poder. Nadie en el reino es capaz de salvar a mi hijo, salvo yo. Un monstruo se lo llevó, una serpiente gigante. De ella me puedo encargar yo misma: soy la mejor guerrera. Mas el problema es su veneno. Solo busca el placer de la matanza, vencerme y por eso mismo sé que lo matará cuando me tenga enfrente. Quiere hacerme sufrir. Necesito una cura.
    —¿Has traído un pago acorde a tu petición?
    —He traído cuanto objeto de valor tengo —dejó la mochila en sus piernas y la abrió, mostrándole su contenido. Estaba repleta de valiosos objetos, algunos mágicos otros no. Dinx miró con detenimiento el contenido. Pronto sus ojos detectaron su objetivo y no estaba en la mochila.
    —Quiero ese pañuelo que llevas al cuello.
    —P-pero… Si es solo un trozo de tela, vieja y ensangrentada por las batallas. Carece de valor. Más que mero valor sentimental claro está.
    —Ese será el pago, o puedes regresar por donde viniste —su voz sonó afilada cual cuchillo.
    —De acuerdo, mi hijo es más importante —se lo entregó confusa e invadida por la curiosidad—. ¿Puedo saber porque lo escogisteis? —dinx desapareció en una ráfaga y un instante después volvía a estar frente a ella.
    —Prepararé la poción, espera unos instantes —no respondió y ella no volvió a preguntar. No quería enfadarlo. Podía parecer un diminuto e inofensivo ser, pero ella sabía juzgar a las criaturas mágicas y esta era poderosa. Su magia era inmensa y su alma vieja. Ella no había llegado a donde estaba solo por sus capacidades físicas. Su única habilidad mágica era esa, leer auras y percibir su potencia. Ese pequeño ser era mil veces más peligroso que la gigantesca serpiente. Yntha dejó de divagar y le observó trabajar. Veía como levitaban los viales, las hierbas y demás objetos, volando de un lado a otro. Le escuchaba murmurar aparentes palabras sin sentido. De improviso una nube de color azul le cubrió. Segundos después Dinx estaba frente a ella, en su forma humana con un frasquito de cristal cubierto de cuero que colgaba de un cordón en sus manos—. Tienes varias dosis, no las desaproveches: curará cualquier mal —los ojos de ella se abrieron de par en par, su cuerpo temblaba de emoción. Lo recogió y se lo colgó al cuello.
    —¿Por qué mostráis tanta generosidad?
    —Es un intercambio justo por el pago que me has dado.
    —Pero…
    —Puede que no lo sepas, o quizás no lo recuerdes. Pero en ese pañuelo hay sangre muy especial y muy potente en la magia. Un intercambio justo.
    —Sois un ser muy peculiar —se levantó colgando su mochila a la espalda y avanzando hacia la puerta. Al abrirla para salir le dio un último vistazo—. Gracias por darme la oportunidad de salvar a mi hijo. Tenéis mi eterna gratitud. Desmentiré todas las barbaridades que dicen sobre vos. Sois justo, aunque un tanto extravagante —por primera vez Yntha le vio sonreír. Entonces descubrió lo que era la belleza. Tras una reverencia se retiró dispuesta a enseñarle a la serpiente el terror que escondían sus espadas.

    Dinx la vio alejarse por el horizonte sin borrar la sonrisa. Creó una cuchilla de hielo bajo sus botas y comenzó a patinar sobre el lago. Le relajaba el frío contra su cuerpo, junto a la compañía del espíritu.
    —¿Hacía cuánto no venía un ser con intenciones honorables y alma limpia? —preguntó el espíritu del dragón bajo sus pies.
    —No lo recuerdo Shiale.
    —¿Por eso has sido tan generoso con ella?
    —He visto lo que hizo y lo que podría llegar a hacer. La balanza se inclina dependiendo del futuro de su hijo. Tú lo sabes tan bien como yo.
    —Siempre te ha gustado coquetear con los hilos del destino de este tipo de personas.
    —Solo le he dado una oportunidad, el resto depende de ella.
    —Yntha lo hará bien. ¿Cuánto crees que tardará en darse cuenta que tiene sangre Fae?
    —No voy a volver a apostar contigo, Shiale, tienes mejor visión para estas cosas que yo.
    —No seas modesto, Dinx. Solo fallaste una y eras joven, apenas tenías mil años. Largo tiempo de eso.
    —Somos viejos, amiga mía —una suave melodía salió del fondo del lago, el dragón reía. El duende volvió sobre sus pasos hacia su árbol.

SOBRE «LETRAS INVITADAS»

Para saber cómo participar en «Letras invitadas» pulsad sobre la siguiente imagen y podréis ver las bases explicadas al detalle.

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