La noticia 6: Nieve en el desierto

{Nota fija}→ «La noticia» entra dentro de la categoría «Ejercicios de escritura». El título de esta subcategoría no deja mucho lugar a la imaginación: se trata de un relato inspirado por una noticia real. Así de simple. ¿Empezamos? ←{nota fija}

La nieve vuelve a la Puerta del Desierto, por segunda vez este invierno.

•NIEVE EN EL DESIERTO•

Detuvo la moto y se bajó. Su cabeza estaba cubierta por un velo azul que solo le dejaba al descubierto unos ojos negros como la noche que estaba a punto de sorprenderla, perfilados con una línea gris de kohl. Vestía una levita marrón con los bajos raídos, una camisa de lino blanco y unos pantalones del mismo color que la chaqueta, embutidos en botas de caña alta de cuero marrón. Tenía varios amuletos colgando a la altura de los pechos, todos de madera con símbolos extraños. Las manos, finas y bronceadas, estaban cubiertas por tatuajes de tinta azul que contrastaba con el tono del velo. La mujer miró el paisaje que se extendía frente a ella y se sintió incómoda. El desierto de Juzal no acostumbraba a estar nevado, no era buena señal. Miró la moto, las alforjas de piel que colgaban a los laterales y suspiró.
    —¿Vas a salir? —dijo con una voz dulce y apremiante, amortiguada por el velo. Una de las alforjas dio una sacudida y la solapa se abrió de repente. De dentro de la pequeña maleta salió disparado un montón de polvo negro, parecían cenizas. El polvo voló por los aires formando una estela oscura y se detuvo a un metro de la cara de la mujer. Las partículas se unieron formando una esfera de la que brotaron, como si se hubieran escondido en el núcleo mismo de la bola, dos ojos completamente blancos y una boca llena de colmillos.
    —¿Hemos llegado ya? —dijo la criatura formada de polvo.
    —Sí. Mira eso…
    El ser se fijó en la zona que señalaba la mujer y luego la miró a ella.
    —No puede ser.
    —Tú mismo lo estás viendo —dijo la mujer sin perder la paciencia—. Tenemos que avisar a todos.
    —¡No puedes correr a la aldea y decirle a todo el mundo que se prepare para el regreso de los zilal! No están preparados, hace solo un año que han terminado la guerra contra los del otro lado del gran mar.
    —¿Te crees que no lo sé? —no perdió la calma en ningún momento—. Mis padres y mi abuelo murieron en esa guerra. Sé que no tenemos medios para enfrentarnos a las sombras, sé que hace más de cuatro siglos que los humanos no tenemos que luchar contra criaturas de Sharir, pero a ellas les va a dar igual lo que nosotros queramos, van a atacarnos, Kura, nos van a masacrar, y es mejor que nos pillen atentos y preparados.
    Kura, a pesar de los escasos rasgos que tenía en su esférico rostro negro, dejó claro con su expresión que la mujer tenía razón.
    —Está bien, Shujae, ¿qué propones?
    —Yo volveré a la aldea y alertaré a todo el mundo. Tú ve en esa dirección, explora la nieve, mira hasta donde llega y regresa para luchar con nosotros.
    —Dalo por hecho.
    —Y una cosa más, Kura. No nos vendría mal que volvieras a tu forma real.
    —Me pides demasiado, Shujae.
    —Lo sé, voy a pedirle demasiado a demasiada gente. Pero aunque tu poder actual es superior a cualquiera de nosotros incluso con tatuajes rúnicos que tenemos, y las habilidades que hemos aprendido de ti, no podremos derrotar a los zilal si no recuperas tu cuerpo.
    —Sabes que es arriesgado. Si vuelvo a ser aquel monstruo podríais tener problemas más serios que un ejército de sombras, podríais morir aplastados por mi poder.
    —Asumiré el riesgo, Kura. Hace mucho que compartes la vida con mi especie, has cambiado, confío en ti. No hay más tiempo que perder, respetaré tu decisión, y nos enfrentaremos a los zilal tengas el poder que tengas, solo quiero que me prometas que lo pensarás.
    —Lo prometo.
    —Gracias, amigo. Ahora date prisa, no tardes en volver.
    Los ojos de Shujae se humedecieron, no le gustaba despedirse de Kura, llevaba generaciones en poder de su familia, desde que sus antepasados le separaron de su cuerpo y lo adoptaron como una especie de mascota. Para ella había ascendido al puesto de amigo, de hermano, un hermano demonio que le había ayudado a convertirse en la líder que era ahora. Vio como la bola negra volvía a diseminarse en una nube de polvo que salió disparada hacia el horizonte. Shujae se subió a la moto, derrapó para encararla en la dirección contraria y aceleró. La guerra contra los pálidos del otro lado del mar se iba a convertir en una broma comparada con lo que estaba a punto de empezar.

© M. Floser.

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