El Cuentacuentos: Navideño 3

•NAVIDEÑO•
TERCERA PARTE

Palabras a añadir:

Argonauta.
Guasón.
Chimichurri.
Suspiro.
Médico.
Maloliente.
Carpeta.
Tranvía.
Digestivo.
Barbián.
Venganza.
Caos.
Redención.
Meritocracia.

Nota: si navegáis desde el PC posad el ratón en las palabras subrayadas para ver su significado según la RAE.

A pesar de las quejas de Sophie, Sharxa y Frul consiguieron que se vistiera y saliera de casa. Llevaba un sombrero de lana azul y una chaqueta larga de color rojo. Una bufanda a juego con el sombrero, unos pantalones negros, gruesos y unas botas con forro. El aire gélido de la Navidad le azotaba el cabello que quedaba fuera del sombrero y le cortaba los labios. El corazón de Sophie galopaba dentro de su pecho. Tenía la sensación de que en cualquier momento sería descuartizada por un demonio. Caminaba muy rígida, girándose cada vez que escuchaba un ruido. Las calles no olían como siempre en aquellas fechas, no olían a frío, a dulce, a invierno. Sophie se tapaba la nariz con la bufanda para protegerse de la maloliente brisa invernal contaminada por los monstruos asesinos.
    La hechicera y su compañero no parecían preocupados. Sharxa le miraba a él que se mostraba barbián y miraba al final de la calle como si no hubiera un ejército de bestias infernales escondidas en cualquier parte. Sophie les admiraba en parte, pero también se preguntaba si aquella actitud no acabaría por enviarlos todos a una caja de pino.
    —Hay que ponerse en marcha —dijo la hechicera— tenemos que encontrar al Indómito.
    Sophié exhaló un profundo y pesado suspiro, luego se encogió de hombros y asintió. Sharxa sonrió, miró a Frul y ambos se guiñaron un ojo, orgullosos de aquella humana que mostraba tanto valor. Cualquier otro ser inferior se habría atrincherado en su guarida y se habría negado a salir, sollozando y sorbiéndose los mocos. Pero ella no, Sophie estaba dispuesta a luchar, a acompañar a aquellos dos extraños que buscaban la redención por haber dejado libre a Krampus. Era culpa suya que los humanos sufrieran de aquella manera, ellos, los hijos de Shana’tha Nixolias habían provocado aquel caos y pensaban solucionarlo. Sabían que no serviría de nada, que seguirían siendo lo que eran, ni más ni menos, sabían que aunque derrotaran a Krampus su condición social no se vería afectada. En Hurien no había una meritocracia. Sus méritos no se contaban, Shana’tha Nixolias no hacía distinciones, no ascendía, no premiaba ni daba palmadas en las espaldas. Eran dos magos, nada más, pero no importaba, no buscaban elogios, buscaban venganza por los humanos muertos a manos de los demonios.
    —¿Dónde está Krampus? —preguntó Sophie rompiendo el ensimismamiento de Sharxa.
    —En un lugar llamado Vastinx.
    —Nunca he oído hablar de un sitio así.
    —Dudo que los humanos lo llaméis así. Como te he dicho, Hurien está en un plano paralelo al vuestro. Lo que vosotros llamáis por un nombre, nosotros lo llamamos por otro. Por ejemplo, esta es —Sharxa giró sobre sí misma mirando los edificios que les rodeaban hasta que dio con una chapa de mármol atornillada a una fachada—… la avenida del Tranvía. Para nosotros esta es la vía Grueneia. ¿Entiendes?
    —Creo que sí. Entonces, en mi mundo, ¿cómo se llama ese sitio?
    —Ni idea, ¿Frul?
    —Plaza del Libertador —aclaró el hombre dándose mucha importancia.
    —¿Sabes dónde está, humana?
    —Sí, está en la otra punta de la ciudad. El metro no funciona hoy, obviamente no hay servicio de autobús y yo no sé conducir.
    —Pero nosotros hemos venido con coche.
    Sophie había olvidado ese detalle. El coche estaba aún en medio de la carretera, cruzado y con el motor apagado. Sharxa y Frul se acercaron al vehículo y se subieron. Frul al volante, Sharxa en el asiento del copiloto. Sophie se tuvo que sentar atrás, pero como no había puerta trasera y los dos magos ya estaban subidos, tuvo que saltar al interior. Era un coche viejo, lleno de mugre. Los asientos estaban sucios y sobre las alfombrillas habían hojas, colillas e incluso huesos de animales. Había una bolsa de patatas con sabor a chimichurri. A Sophie le encantaba ese sabor, era una de sus salsas favoritas, pero para su estómago era demasiado fuerte y siempre tenía que tomarse un digestivo que le mandó su médico. Un medicamento nauseabundo con un sabor extraño. Sophie volvió a suspirar y negó con la cabeza, echaba de menos la vida normal.
    —¿Cómo conseguisteis el combustible?
    —¿El combuqué?
    —El combustible, para arrancar el coche. Hace años que no hay ni gota, ¿cómo lo hicísteis?
    Sharxa miró a Frul, alzó la mano, movió los dedos y sonrió.
    —Lo hicimos con un poco de maña.
    Tras el comentario con tono guasón Sharxa posó la palma de la mano sobre el salpicadero del coche y un par de segundos después el vehículo empezó a rugir. El motor sonaba como si fuera nuevo y el coche vibraba. Hacía mucho tiempo que Sophie no notaba aquel traqueteo, le parecía agradable, le arrancó una sonrisa nostálgica. La humana se acomodó en el asiento trasero y sus pies, que quedaban bajo el asiento de Sharxa, toparon con algo. Se agachó, metió la mano bajo la silla y palpó entre los restos de suciedad. No le importaba, no era aprensiva, había visto demasiadas cosas. Sus dedos tocaron un objeto familiar, lo cogió y lo sacó de debajo de Sharxa. Era un libro viejo y en mal estado. Sophie sopló y lo miró: le faltaba media portada, en ella se veía parte de lo que parecía un guerrero con un escudo. El roto quitaba parte del título del libro y Sophie solo podía leer «Jasón y los argonauta». Conocía aquella historia, su abuelo le había hablado de ella, sabía que al título solo le faltaba una ese. Hojeó el libro y luego lo soltó a su lado en el asiento trasero. Quizá cuando todo terminase podría leerlo. Ese y muchos más.
    —¿Cómo vamos a derrotar a Krampus? —preguntó de repente. El aire empezaba a azotarle la cara, el coche ya se había puesto en marcha. Casí había olvidado lo que se sentía.
    —Pues luchando contra él —dijo Sharxa girándose en su asiento para mirar a Sophie—. No puedo decirte que haya una forma concreta de vencerle. Lucharemos, usaremos la magia, la astucia y vencerá el mejor. Como en todos los combates, humana. Iremos contra el Indómito con todos nuestros recursos e intentaremos darle carpeta al asunto.
    —Carpetazo —corrigió Sophie—, se dice «darle carpetazo al asunto».
    —Lo que yo quería decir.
    —¿Pero crees que tenemos alguna oportunidad de ganar?
    —Siempre hay una oportunidad de ganar, de la misma forma que siempre hay una oportunidad de perder. Pero para ello hay que intentarlo, si no se intenta, si no se arriesga, las oportunidades desaparecen. Quizá muramos hoy, quizá muera el Indómito. Quién sabe.
    Sophie miró a Sharxa mientras la hechicera volvía a mirar al frente. Era cierto que quizá moriría aquella noche, pero también era cierto que lo que había estado haciendo hasta ese momento no podía llamarse vivir. Había estado encerrada, asustada, temblando y vigilando la calle. Si tenía que morir, que fuera intentando cambiar las cosas.

© M. Floser.

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