El cuentacuentos: Lorelan 3

{Nota fija} ¿Qué es «el Cuentacuentos»? Es una sección que he recuperado de mi antiguo blog. En ella escribiré una historia en cuatro partes, incluyendo palabras que me dejéis —ya sea en los comentarios del blog, o en mi cuenta de Twitter— (Una palabra por persona). Cuando la historia llegue al final, las palabras que me dejéis servirán para el inicio de la siguiente historia. ¡Pero no os conforméis con dejarme palabras como «amor» y «paz»! No, no, no… ¡ponédmelo difícil! ¿Jugamos? {Nota fija}

•LORELAN•
TERCERA PARTE

runes1

Palabras a añadir:

concurso.
pérgola.
fantasma.
cyborg.

Repasa las anteriores partes.

Kiren se carcajeaba desde lo alto del dragón mientras se alejaba y se perdía entre las nubes. Lorelan caía y notaba como sus ojos se llenaban de lágrimas. Los acontecimientos de los últimos días volvieron a su mente, era, por extraño que pareciera, lo único que podía hacer en un momento como aquel, caer y pensar en lo que la había llevado a aquel momento.

***

    El séptimo día de viaje había llegado. La noche cubría el cielo de estrellas tan nítidas y brillantes que parecía que si Lorelan alzase las manos podría alcanzarlas. Suspiró, miró a Kiren que dormía a pierna suelta. Sus ropas estaban sucias, de barro, de sangre, de aceite negruzco. El pantalón tenía una rotura en la rodilla y dejaba al descubierto la piel sangrante. La herida había mejorado notablemente, pero el gigantón aún cojeaba al caminar. Las brazos enormes del hombre estaban llenos de cortes y el hombro que podía verse por la posición fetal de Kiren estaba completamente quemado. La piel tenía un tono rosado y presentaba una textura como de cuero.
    Ella, por otra parte, empezaba a notar como el dolor del brazo derecho amainaba. Kiren era un mastodonte, pero sabía cómo colocar un hombro dislocado. La herida que le habían hecho en el costado al clavarle una lanza empezaba a cerrarse gracias al ungüento que ella misma había preparado. Una pasta a base de plantas que siempre llevaba a las misiones peligrosas. Por si acaso.
    Era la primera vez en dos días que descansaban sanos y a salvo. Estaban en una ciudad en ruinas y se habían instalado en un pequeño edificio destrozado del que solo quedaban dos columnas y una pared que sujetaban el techo, formando una especie de pérgola de hormigón. Los últimos días habían sido una locura, se habían visto en problemas constantemente. Pero es algo normal cuando se visitan las Tierras Yermas, donde la única vida que existe es la de los abismos y la artificial. Si le preguntasen a Lorelan a cuál de las dos prefería enfrentarse, no habría sabido qué responder. Las criaturas del abismo, demonios y sombras, eran difíciles de matar, ágiles, fuertes, inteligentes y letales. Pero cuando se les clavaba la espada, morían como cualquier otra criatura. Pero los artificiales, la raza cyborg era una cosa muy distinta.
    Los droides ocupaban desde hacía ya unos cuantos años la ciudad en la que ahora descansaban. Creados por los humanos para hacerles las vidas más fáciles a unos cuantos vagos ricachones, los robots se revelaron contra sus creadores, asesinándolos de forma terrible, y sumiendo la ciudad en un caos del que Lorelan y Kiren casi no consiguen escapar. Por suerte para ellos los humanos no tuvieron tiempo de fabricar más engendros y, como dijo un gobernante del que por fortuna pocos se acuerdan ya, «las máquinas no pueden crear otras máquinas».
    Kiren, a pesar de las quejas continuas, se lanzó al ataque y empezó a decapitar a los cyborgs con sus manos desnudas, arrancándoles la cabeza como si fueran muñecas de trapo. El aceite salpicaba su ropa, como si fuera sangre que saliera de los miembros de aquellas cosas. Ese idiota descerebrado empezó a enumerar sus victorias, animando a Lorelan para que hiciera lo mismo, como si de un concurso se tratara. Lorelan no iba a ser tan idiota, acabaría con las máquinas siendo más inteligente que su compañero que, en aquel momento, se despistó y confió lo suficiente como para que un cyborg le disparara con una de las armas que tenía acopladas a su muñeca. Un láser salió despedido hacia Kiren y le alcanzó en el hombro. El olor a cerdo quemado se hizo insoportable, Kiren cayó al suelo, se llevó la mano al hombro herido y lanzó un grito de dolor. El robot se acercó a él, preparó el arma para un segundo proyectil, pero antes de que disparara Lorelan lo atravesó con la espada. Desde la perspectiva de Kiren solo se veía al robot con la cara lisa, pulida, sin rasgos faciales, y la punta de una espada sobresaliendo de su pecho metálico.
    Les llevó dos horas acabar con todos los cyborgs de la zona. Ni por asomo habían erradicado la raza artificial, pero habían acabado con los suficientes como para poder retirarse, buscar un sitio donde resguardarse y dormir para poder salir de allí cuanto antes.
    Kiren se revolvió en el suelo, se quejó y gruñó en sueños y luego dijo algo relacionado con las mujeres a las que se había follado, y los gigantes que había matado. Lorelan sonrió cansada, puso los ojos en blanco y se tumbó a descansar. Incluso en sueños, aquel gigantesco imbécil era un completo fantasma. No había nada que hacer, nunca cambiaría. Pero a ella le daba igual que fuera un engreído, que fuera la persona más insolente que hubiera conocido, o que solo abriera el pico para quejarse de algo o gruñir, le era leal y eso era lo único que le importaba. Al día siguiente partirían hacia el norte, la Atalaya estaba a solo un día de camino, sus vidas cambiarían drásticamente cuando se hicieran con los huevos de dragón. Lorelan sonrió y se durmió con esa sensación de satisfacción, con el pensamiento de que, en apenas un día, sus días en los caminos, sus continuas escaramuzas, sus constantes aventuras llegarían a su fin para siempre.

© M. Floser.

Podéis dejarme vuestras palabras para la cuarta parte en los comentarios.

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6 comentarios sobre “El cuentacuentos: Lorelan 3

  1. Has salido muy airoso del berenjenal en el que te hemos metido esta semana. En concreto las que me han sorprendido más son “pérgola” y “fantasma”. A parte nos metes en aventuras, paisajes y escenas muy interesantes. ¡Muchas felicidades!

    1. Me alegra que te haya gustado, Anárion. La verdad es que es una sección que me enamora. Me lo paso muy bien escribiéndola y añadiendo vuestras palabras. Cuanto más difícil, más me divierto. Perdona que no te haya respondido antes, no me dejaba iniciar sesión en WordPress, no sé muy bien por qué.

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