Microficción #99

(Imagen libre de licencia de: Javier Rodríguez)

Hechicera

Cenefas

Era la última oportunidad que tenían. su magia seguía brotando de la tierra desde el propio núcleo del planeta, abandonando las piedras, la hierba, las raíces, troncos y copas de los árboles. Extraída de los gusanos, de las larvas y los cadáveres de guerreros que descansaban sobre y bajo el campo de batalla. Las volutas de luz se alzaban convirtiendo el aire ondulante de aquel verano sangriento en un maravilloso espectáculo que empezaba a preocupar al emperador y sus lacayos.
    El último brujo enemigo fue ensartado por la espada de fuego de Gartan el Inmenso. Gartan era hijo de un ifrit, el único ser capaz de empuñar un arma como aquella.
    —¡¿A qué estás esperando, Furnel?! —gritó el medio ifrit con su voz de crepitar de llamas—, ¡lanza esa cosa!
    Gartan se refería a la bola de energía que crecía a escasos centímetros de la mano de Furnel. Gartan se quedó observando a la hechicera y esquivó, sin siquiera mirar, a un soldado que pretendía asestarle un hachazo. La hoja del arma se clavó en la tierra levantando trozos de césped ensangrentado. Gartan, aún sin prestarle atención, lo cortó en dos con su espada en llamas. El corte fue preciso: desde la entrepierna hasta la coronilla.
    —¡Lánzala de una maldita vez, Furnel!
    Pero Furnel no le escuchaba, no podía, estaba demasiado ocupada escuchando la voz de las energías, la de la los muertos, la de los vivos, la de todo el planeta que le explicaba al oído cuán puro era su poder y le animaba a no rendirse. Porque Furnel quería hacerlo, quería dejar de soportar toda aquella carga, toda aquella abrasadora fuerza que le abrumaba y le adormecía el cerebro. No lo haría, la Tierra le impedía hacerlo y se unía a ella, ayudándola a sostener la carga que ahora tenía sobre sus hombros.
    —¡Furnel! —bramó Gartan y esta vez su voz sí que fue escuchada.
    La hechicera abrió los ojos que habían perdido el iris y sus pupilas se habían dilatado hasta ocupar todo el globo ocular. No era Furnel, y a la vez era ella. Estaba preparada para lanzar el ataque final, estaba preparada para acabar con aquella guerra estúpida.

© 2017 M. Floser.

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