Microficción #95

(Imagen libre de licencia de: Congerdesign)

La señora

Cenefas

La mayor parte del tiempo pasaba desapercibida. Sentada en su mecedora, en el porche de su casa, viendo a la gente ir y venir. Pero para él no era solo una señora tejiendo, él la veía con los ojos de la mente, y no los inútiles ojos que se embelesaban con las apariencias. Él la conocía perfectamente, aquella mujer de aspecto frágil y tranquilo, era una de las más terribles criaturas. La señora se lo quedó mirando de arriba a abajo, sin poder ignorar el atuendo que llevaba el hombre, vestido con chistera, frac, y luciendo unas sedosas patillas que se unían con el bello facial que le cubría la mandíbula inferior de lado a lado. Ella también le conoció a él, pero para ella fue mucho más sencillo, ya que a diferencia de ella, el hombre no se molestaba en integrarse con los demás. Vestía su ropa anticuada en pleno siglo XXI. Sabía que había venido a buscarla, llevaba siglos evitando ser descubierta, evitando pagar por sus numerosos crímenes, contra la raza humana, y contra la madre Naturaleza. Ya no tenía la fuerza de antaño, era absurdo intentar combatir con aquel caballero, era absurdo intentar escapar de él. Solo podía rendirse, sonreír, y dejar que los dioses le condenaran al sufrimiento eterno. Era la ley, tenía que cumplirla.

© 2017 M. Floser.

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