Microficción #83

(Imagen libre de licencia de: Kellepics)

Otro mundo

Cenefas

—Ahí estás, buen chico —dijo la niña al borde del precipicio cuando vio la enorme sombra de Green emergiendo de entre el manto de nubes.
    Cuando el gigantesco camaleón posó sus ojos, del tamaño del tronco de la niña, en aquel escorpión que sujetaba entre sus delicados dedos, pestañeó, preparó su lengua y la lanzó para hacerse con el delicioso snack.
    —Se están acabando las megarachas —comentó la pequeña, refiriéndose a las cucarachas de tamaño imposible que solía darle a Green para comer.
    Sabía que aquel escorpión no servía para calmar el apetito del camaleón, pero Green tampoco necesitaba a la niña para alimentarse. ¿Cómo iba a necesitar un ser de ocho mil metros de altura como aquel, a una pequeña que apenas medía un metro cincuenta, para alimentarse? Pero a Laureen le gustaba, Green le caía bien, y siempre que podía ascendía a aquel precipicio para darle algo de comer. Estaba sola en la isla, sus padres habían muerto poco después del naufragio. Green era su única familia.

© 2017 M. Floser.

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