Microficción #79

(Imagen libre de licencia de: Cheryl Holt)

Rob y Teddy

Cenefas

—Vamos, vamos, deja de llorar, Rob. Era lo mejor que podías hacer. ¿Me escuchas? Ellos no te dejaban evolucionar, no paraban de controlarte. ¿Y esa voz chillona cuando se dirigían a ti? ¡Te trataban como si fueras estúpido! «Vamos a hablar más despacio, y con la voz más aguda, para que el estúpido de nuestro hijo pueda entendernos». ¡Tenías que cargarte a ese par de cabrones! Sí, eso es, eso eran, un par de cabrones. Eran ellos, o tú, y ¿sabes una cosa? No pensaba dejar que ellos se salieran con la suya. Hiciste bien en confiar en mí, me hiciste caso, te portaste como un valiente. ¡Menudo par de cojones tienes para ser tan pequeño! Ahora eres libre, puedes jugar todo lo que quieras, puedes vivir a tu manera. Y si alguien intenta joderte, ¡nos lo cargamos también! Le dejamos la cara como un colador, como al cabrón de tu padre. ¡Menudas pintas! Estás como una puta cabra, Rob, te lo digo en serio, ¡si fueras mayor de edad deberían internarte! Pero tranquilo, nunca les dejaremos cogerte. ¿Estás preparado? Sécate las lágrimas y empecemos nuestra nueva vida. Tú y yo, Rob y Teddy, y que nadie nos intente joder.

© 2017 M. Floser.

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