Las tres palabras 3: Manto

[Nota fija]→ «Las tres palabras» es una sección dentro de «Ejercicios de escritura». Así mismo, este ejercicio ha sido extraído del blog «CabalTC» de David Olier. En esta sección haré relatos incluyendo tres palabras generadas automáticamente.

2-imagen-viernes
(Imagen libre de licencia de: Hans)

Palabras a añadir:

Muro1
Nadar2
Psique3

M A N T O

Cenefas

Desde lo alto de la montaña, Francis Goldman se sintió libre por primera vez en muchos años. Desde las alturas parecía que sus problemas pasados se hubieran hecho un poco más pequeños, lejanos, como si carecieran de medios para coronar aquella cima. Recordaba los diez años recluido en la cárcel de Sing Sing, sabiendo que tras los muros se encontraba el río Hudson. A menudo soñaba con escaparse, lanzarse al agua y nadar2 hasta Nueva York, donde le esperaría su familia: sus padres, su hermano. Todos estarían bien, la sangre no saldría de sus cuerpos, no les habría matado. Pero todo terminaba cuando los carceleros les hacían despertarse, arrancando a Francis de una fantasía que se convertía en infierno al saberse rodeado de presos que querían matarle.
    Francis Golman no era de ese tipo de presos que aseguran ser inocentes, Francis Goldman sabía, a ciencia cierta, que había apuñalado a cada miembro de su familia, les había acuchillado hasta que sus vidas se escaparon a través de las manos ensangrentadas del preso. Era culpable, pero a la vez, tenía la sensación de que, cuando hizo aquello, no era él mismo, como si alguien alojado en el lado más profundo de su psique3 le hubiera obligado a hacerlo.
    Cuando Francis huyó de Sing Sing tampoco lo hizo voluntariamente, sino que obedeció a una voz que durante diez años se había dedicado a pedirle que lo hiciera. Saltó el muro1, como tantas veces había soñado, pero no se zambulló en el río, en vez de eso corrió, como nunca lo había hecho, sin sucumbir al cansancio, sin pararse para lamentar el dolor que sentía en cada músculo. La voz de su cabeza le dio consejos sabios para evitar ser visto, le ayudó a huir, a salir del país, evitando que la policía percibiera siquiera su existencia. Le buscaban, su rostro había salido en todos los periódicos, acompañado de titulares que le pintaban como un tipo peligroso, un salvaje, un asesino. Lo era, por el mero tecnicismo de la palabra, pero ahora sabía que no era él quien había matado a su familia, sino aquella voz que le hablaba, le obligaba a hacer cosas, y que, por extraño que pudiera parecer, no le pertenecía a él, pertenecía a un desconocido, a un personaje sin rostro que le había prometido que se encontrarían en la cima de aquella montaña. Ahora solo tenía que esperar para desentrañar aquel odioso misterio.

© 2017 M. Floser.

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