El cuentacuentos: Lorelan 1

{Nota fija} ¿Qué es «el Cuentacuentos»? Es una sección que he recuperado de mi antiguo blog. En ella escribiré una historia en cuatro partes, incluyendo palabras que me dejéis —ya sea en los comentarios del blog, o en mi cuenta de Twitter (Una palabra por persona). Cuando la historia llegue al final, las palabras que me dejéis servirán para el inicio de la siguiente historia. ¡Pero no os conforméis con dejarme palabras como «amor» y «paz»! No, no, no… ¡ponédmelo difícil! ¿Jugamos? {Nota fija}

LORELAN 1ª PARTE

runes1
(Imagen libre de licencia de: Unsplash)

Palabras a añadir:

Fusión.
Esperanza.
Inquietante.
Cenefas

Sus ojos, abiertos como platos, vieron a Kiren sonriendo a lomos del dragón, satisfecho por haberla engañado. No podía creer que la hubiera empujado, pero ahí estaba ella: envuelta por el cielo estrellado, cayendo a plomo, sintiendo como su cuerpo no era parte de ningún sitio, como el aire le cortaba la respiración, aliado con el miedo. El suelo ejercía una atracción frenética sobre ella, y solo conseguía preguntarse ¿por qué?
    Parecía que el tiempo se había ralentizado, caía, pero lo hacía despacio, o eso creía ella. Solo tenía la esperanza de que cuando sus huesos se dieran contra el suelo, la muerte fuera inmediata y no sintiera dolor. ¿Cómo había ocurrido aquello? Ante sus ojos, como si de una leyenda contada por juglares se tratara, vio pasar los últimos acontecimientos.

    El día había empezado como siempre, con lluvias por todo el país, inundando las ya anegadas calles de Jurn. Kiren y ella desayunaron en la taberna de la Posada Oscura. Pidieron lo de todos los días: una buena jarra de cerveza caliente, y un jabalí para cada uno. Kiren era calvo y enorme, tanto que la silla parecía estar a punto de destrozarse bajo su peso, y la pata del jabalí parecía apenas un anca de rana en sus manazas.
    —¿Estáz preparada? —dijo Kiren limpiándose la boca llena de aceite con la pulsera de borrego que se ceñía a su poderosa muñeca.
    —Nunca lo estoy, pero no queda más remedio, ¿no?
    —Cierto, no te queda otra, Lorelan. Zaldremos dezpuez de dezayunar.
    Lorelan esperó a que Kiren no mirase para limpiarse la cara, llena de saliva. Dio un bocado a la pata del jabalí, y un buen trago de cerveza, creando en su boca una fusión de sabores asquerosa. Daba igual, quería acabar cuanto antes, para poder iniciar el viaje. Cien liris por un trabajo como aquel era mucho dinero. Cierto era que las posibilidades de acabar ensartada, despellejada, decapitada, quemada o lapidada eran elevadas, pero ¿qué día no se levanta uno con esos peligros acechándole?
    Cuando hubieron terminado, Kiren cogió el hacha que había apoyado en la silla que quedaba libre a su lado, delante de Lorelan, se la cargó al hombro y reprimió, sin éxito, un eructo. El sabor del jabalí regresó a su boca y puso cara de asco. Lorelan soltó el tenedor con rabia, aquel gigantón asqueroso le había revuelto el estómago. Siempre lo conseguía. Se calzó la capa escarlata, sosteniéndola sobre su pecho casi plano con un broche de oro, y empezó a andar hacia la barra. Un hombre demasiado mayor para regentar un tugurio como aquel, le sonrió de forma paternal.
    —¿Ya os vais? —preguntó, a pesar de que sabía que Lorelan detestaba las preguntas absurdas. Era obvio que se iban.
    —Sí… muchas gracias por el desayuno, estaba tan bueno como siempre.
    —Si te quedaras aquí podría enseñarte a prepararlo, incluso podría poner la Posada Oscura a tu nombre —el viejo hizo una pausa para meditar sus palabras, pero no se le daba bien pensar—. No tienes que seguir robando toda tu vida.
    Hubo un momento de silencio que duró hasta que Lorelan encontró una moneda de dos liris en la bolsa de cuero que llevaba en uno de los bolsillos interiores de la capa. Le dejó la moneda en la barra con un golpe, y sonrió con pesadez. La idea de llevar una vida tranquila, sirviendo mesas y viendo el ir y venir de la gente le parecía apetecible, pero también le parecía inquietante.
    —Quién sabe, Frig, quizá este sea mi último trabajo.
    Ambos se sonrieron, y Lorelan abandonó la taberna, reuniéndose en la calle lluviosa con el gigantesco Kiren, que pretendía usar la hoja del hacha como protección para no mojarse la huesuda calva.

© M. Floser.

Continuará…

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2 comments

  1. Carla · noviembre 25

    Hay que ponértelo difícil, ¿no? Bien, pues… “Mascarilla”.
    ¡Buena iniciativa! La seguiré con interés 🙂

    • M. Floser · noviembre 25

      ¡Hola! Muchas gracias, me alegra que te guste.

      “Mascarilla”, ¿eh? Será divertido jajaja. Así me gusta, que me comoliquéis la vida un poco.

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