NarrArte 6: Ya es otoño

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 photo Ya es otontildeo_zpsn0ld5c6v.gif
Más otoño otoñal, lluvioso y precioso en tonos marrones y ocres para @espaciodart3 y su concurso #otoñocreativo .  ©2016 Anárion Photo #otoño2016 #Barcelona #cornellà #igersbcn #ig_catalonia
(Foto de © 2016 Anárion Photo)

Ya no llueve, pero el suelo sigue recibiendo gotas, ahora rojas, de la sangre del hombro herido, descendiendo por el brazo, y desprendiéndose de las puntas de unos dedos flácidos que cuelgan junto al muslo. La hoja seca queda bañada por la sangre espesa, ya es otoño, y el hombre maldice.
    —Mierda.
    Exacto, tal como he dicho, maldice. Sigue andando, intentando olvidar lo que le ha ocurrido en el bosque. ¿Pero cómo va a olvidarlo? Un ornitorrinco con cuernos y alas de murciélago le ha atacado, y justo después ha explotado. No es fácil de olvidar algo así, creedme, no es fácil.
    —Puto ornitorrinco con cuernos y alas de murciélago que explota…
    No os lo he dicho, pero el hombre vuelve a maldecir. De una de las casas del pueblo sale lo que parece un hombre, solo que no es un hombre, es otra cosa distinta a un hombre.
    —¿Pero qué es?
    No lo sé, pero hay algo que sé a ciencia cierta: no es un hombre.
    El hombre que no es un hombre se acerca a él. Tiene morro de cerdo y ojos de cabra, y cola de perro y orejas de gato. Como si todos los animales del pueblo hubieran participado en una orgía de la que salió ese hombre que no es un hombre sino otra cosa totalmente diferente.
    —Hola —dice el del morro de cerdo y los ojos de cabra, y la cola de perro y las orejas de gato—. ¿Qué eres? No pareces un hombre.
    El herido lo mira de arriba a abajo, ofendido, y decide no decirle lo que piensa del despiporre de genes que el hombre que no es un hombre tiene en su ser.
    —Sí que soy un hombre.
    Entonces el que no es un hombre mira el hombro del hombre que sí es un hombre.
    —¿Toda esa sangre no debería estar dentro de ese agujero que tienes en el brazo?
    —Debería… pero me cae por el brazo y se desprende de los dedos flácidos que me cuelgan junto al brazo, ¿lo ves?
    —En realidad no veo nada, soy ciego de nacimiento. Y déjame decirte una cosa, creo que también soy mudo.
    —¡Es imposible que seas ciego, acabas de verme la sangre y, además, me estás hablando así que no eres mudo!
    —¿Me estás llamando mentiroso? —dice el hombre ciego y mudo que no es hombre, ni mudo, ni ciego, sino otra cosa distinta que ve y, por supuesto, habla—. ¡No está bien juzgar a los demás, caballerete! Ahora, si me disculpas, voy a ver la tele con mi novia, que es mi hermana y a la vez yo mismo.
    El herido se quedó solo, viendo como aquel no hombre, se alejaba saltando y bailando, y se adentraba en la casa contraria a la casa de la que había salido.
    —¡Puta mierda!
    El hombre vuelve a maldecir, por cierto. Entonces se cae al suelo lleno de hojas secas y sangre, ya es otoño y él pierde el sentido, desangrado, y se muere para siempre, no sin antes mirar a su alrededor y maldecir.
    —¡Coño ya!
    Exacto.

© 2016 M. Floser.

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