Narrarte 5: Dejando huella

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 photo Dejando huella_zpswoogfryo.gif
huella
(Foto de © 2016 Anárion Photo)

El toro se detuvo, y el orco que había montado a su lomo, asiendo las riendas, hizo que la horda que le acompañaba se detuviera. Señaló con el dedo índice, grueso y cubierto de pelos negros como el carbón, al jabalí que olisqueaba una huella reciente, y miró a sus compañeros.
    —¡Os dije que estaba aquí! —su voz sonaba como un árbol al caer en medio del bosque, sobre un lecho de cristales rotos. Sonrió, haciendo que sus colmillos salieran despuntando hacia arriba, amenazando con sacarle los ojos. Soltó las riendas y se puso las dos manazas alrededor de la boca—. ¡Sabemos que estás aquí, humano! ¡Te vas a arrepentir de matar a nuestro rey!
    El orco escuchó un silbido, miró hacia la derecha y vio como la punta de una lanza volaba hacia su cara. No tuvo tiempo de reaccionar y cayó de su montura, con la cabeza ensartada en el arma que se clavó en las baldosas de cemento del suelo.
    —¡Jurgón ha caído! —gritó uno de los orcos que cabalgaban detrás del líder. Se bajó de su toro y corrió hacia el cadáver. Desenvainó el sable que llevaba en el costado y le cortó la cabeza a Jurgón. La cogió por los pelos y la alzó como un trofeo—. ¡Ahora soy el líder!
    En cuanto dijo eso, del lado contrario de donde había venido la lanza, le cayó una lluvia de flechas que le cubrió la espalda. Se giró, furioso, y lanzó un grito de rabia. El humano al que habían estado persiguiendo le miraba. Era alto, delgado, y vestía una túnica de colores dispares. Parecía demasiado grande como para pertenecerle.
    —¡Maldito brujo! ¡Tus trucos han ido demasiado le…!
    No pudo terminar la frase. El hombre, de pelo plateado y ojos amarillos había desaparecido de su posición, y había aparecido junto al orco, empuñando una espada que se clavaba en el vientre de la bestia. Luego se desvaneció, como si nunca hubiera estado allí, dejando como recuerdo el arma con el que había matado al tercer orco aquel día. Ya solo quedaban cien bestias. No sería fácil, pero tenía que conseguirlo.

© 2016 M. Floser.

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